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28 de Septiembre del 2018

Trump-ayasadas

La venganza de Donald Trump se está cocinando. Si algo hemos aprendido de su carácter es que no responde bien a la humillación
El ego político más grande del planeta está herido. El hombre que debiera ser el personaje más poderoso del mundo se siente ofendido, y en su propia casa. Los líderes mundiales se encargaron de recordarle que es el hazmerreír de todos. Donald Trump no acaba de reponerse del mayor descalabro político de sus dos años como presidente de los Estados Unidos. Ser la burla en el cónclave anual de los grandes líderes convocados en las Naciones Unidas. No había transcurrido un minuto de su ególatra discurso inundado de mentiras, diciendo que en solo 24 meses había alcanzado “más logros que cualquier otra administración en la historia” de su país, cuando sonoras y espontáneas carcajadas inundaron el icónico salón verde. El asunto no es menor. El protocolo diplomático impone el más absoluto respeto a cualquier dignatario, sea un dictador demente o un demócrata fuera de su realidad. Pero la risa les ganó a los 100 jefes de Estado reunidos en el evento anual de mayor exhibición de poder en un solo recinto. En los momentos en que hablaba el que se presume el más poderoso. Todos lo vimos y lo escuchamos. El mismo Trump perdió la compostura. En su desbordado ego no daba crédito a que lo estigmatizaran como un mal chiste para el mundo. “No me esperaba esta reacción”, dijo un desubicado Trump. Pero quizás las carcajadas fueron apenas lo anecdótico. Lo de fondo es el análisis de su discurso y de sus posteriores reacciones plagadas de mentiras, de falsedades que buscaban vender una realidad que no existe, más allá de la mente del mitómano que las concibe. Por ejemplo, el mandatario norteamericano volvió a las andadas al no censurar a Rusia. Nada de comentar sobre su probada interferencia en las elecciones de los Estados Unidos y otros países. Tampoco del ataque de agentes rusos con gases mortales a cuatro personas en Inglaterra. O por sus débiles respuestas frente a las amenazas de Siria y Corea del Norte. Trump igualmente torció la realidad, al presumir frente a los líderes del mundo que él ya había consumado la desnuclearización de Corea del Norte y tenía casi resueltos los diferendos diplomáticos entre las dos Coreas. Y todavía lo que es peor, al enorme conflicto comercial que abrió con China, al imponer severos aranceles a sus productos, el inquilino de la Casa Blanca, abrió esta semana un flanco de impredecible conflicto político. Con sorpresa Trump advirtió que China estaría interfiriendo en las próximas elecciones de noviembre para afectarlo. “No quieren que gane porque soy el primer presidente que reta a China en comercio”. Y ni que decir del escalamiento que hace sobre el conflicto con Irán, amenazando con escalar la ahora guerra de sanciones a un potencial conflicto armado que encendería de nuevo el Golfo Pérsico. Lo que intentamos advertir es que el ego de un súper poderoso herido es muy peligroso. Porque cuando en el vecindario el niño peleonero es la burla de sus cuates, no esperen que agache la cabeza. Buscará o fabricará un pleito que sin duda le devuelva el respeto que siente perdido. Cualquier cosa para remendar el ego dañado. Y al que lo dude que se asome a la torcida interpretación que el ego de Trump le dio a la carcajada multitudinaria: “No se reían de mi… se reían conmigo”. Un hombre así, que fabrica su realidad que en nada coincide con lo que lo que ve el resto del mundo, es más que peligroso. Su venganza ya se está cocinando…y la veremos pronto.