8 de agosto 2022

12 de mayo 2022

¡Que alguien me explique!

Tirano en Jefe

El presidente López Obrador prefirió instalarse como El Tirano en Jefe al abogar por tres mandatarios, abiertamente identificados como tiranos, aliados del autoritarismo, la anti-democracia, la abierta corrupción y el desprecio por los derechos humanos

Por Ramón Alberto Garza

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Frente al presunto desaire a Cuba, Nicaragua y Venezuela al no ser invitados por Estados Unidos a la Cumbre de las Américas, el presidente Andrés Manuel López Obrador tenía dos opciones.

La sensata, que el mandatario mexicano acudiera a Los Ángeles y que en su discurso frente a todos los mandatarios del continente hiciera pública su protesta de no incluir a todos los países latinoamericanos. Eso habría sido lo políticamente correcto.

Pero el inquilino de Palacio Nacional optó por la segunda, por la insensata, la peor de las opciones, la de decir “si no los invitan, yo no voy”.

Y con esa actitud desafiante colocó a México en una posición más que incómoda, peligrosa frente a nuestro gran aliado comercial, energético, financiero y migratorio.

El presidente López Obrador prefirió instalarse como El Tirano en Jefe al abogar por tres mandatarios, abiertamente identificados como tiranos, aliados del autoritarismo, la anti-democracia, la abierta corrupción y el desprecio por los derechos humanos.

¿Podría el inquilino de Palacio Nacional contestar en alguna mañanera a cuatro preguntas muy sencillas?

Uno, ¿qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor del nicaragüense Daniel Ortega, aquel guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional, quien junto con su esposa Rosario Murillo, llevan ya 27 años en el poder? En Nicaragua pasaron del tirano de derecha, Anastasio Somoza, al tirano de izquierda, Daniel Ortega.

Dos, ¿qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor de Miguel Díaz-Canel, quien nació un año después de que Fidel Castro instalara la dictadura en la Cuba que hoy sirve de fachada para el gobierno, a trasmano del sobreviviente Raúl Castro? Pasaron del dictador Fulgencio Batista a la tiranía castrista que ya tiene instalada 61 años en el poder.

Tres, ¿qué ganamos los mexicanos con poner el rostro en favor de Nicolás Maduro, el heredero político por dedazo de otro tirano, Hugo Chávez? Juntos -el difunto y el actual- vienen gobernando Venezuela desde 1999. Veintitrés años ininterrumpidos de dictadura. Pasaron del “Caracazo” de Carlos Andrés Pérez a la tiranía de la dupla Chávez-Maduro, con el ejército como sus custodios.

¿Por esos tres gobiernos tiránicos, dictatoriales, México va a hipotecar su futuro frente a su más importante aliado comercial, financiero, energético y el mayor empleador de mexicanos en el mundo?

Antes de plantear el desaire de no asistir, el presidente López Obrador tendría que recordar que, si México está económicamente de pie tras la pandemia, es en buena medida por el relanzamiento económico y de infraestructura de los Estados Unidos, que exige miles de millones de dólares en insumos mexicanos.

El inquilino de Palacio Nacional tendría que recordar que, los créditos internacionales con los que se sostienen la deuda de nuestro país, la de Pemex, la de CFE y la de cientos de industrias privadas, están radicados en instituciones financieras norteamericanas. ¿A cómo vienen los intereses?

Ni qué decir de los energéticos. Le estamos dando patadas al pesebre que nos surte el 70 por ciento de los combustibles y el gas con los que se mueve el aparato productivo mexicano.

Y de las remesas ni hablar. Tan solo en el 2021 sumaron 51 mil millones de dólares. Y en este año se estima que la cifra rebase el 4 por ciento del Producto Interno Bruto de México. ¿Hay algún empleador o generador de divisas más importante para los mexicanos que los Estados Unidos?

Con su desplante, en defensa de tres tiranías, el presidente López Obrador decide instalarse como la cabeza del ratón ideológico de la izquierda latinoamericana, desairando ser la cola del león del sistema que -para bien o para mal- respalda hoy a la economía mexicana.

Se entiende que el mandatario mexicano esté angustiado frente a la posibilidad de que Luiz Inácio Lula da Silva gane las elecciones en Brasil y le arrebate el báculo de líder de la izquierda latinoamericana.

¿Pero de esa dimensión es el ego y la ambición personal como para poner en riesgo a toda una nación, frente a quien es, por geografía o por elección, su principal socio y vecino?

Cuánto crece la figura de Vicente Fox ante este desplante lopezobradorista cuando se recuerda aquel tan cuestionado “comes y te vas” que le dio a Fidel Castro en la Cumbre de las Américas, celebrada en Monterrey en abril de 2002.

Un incómodo George Bush exigía al presidente Fox que se le retirara la invitación a Fidel Castro. Y para salvar cara, el mandatario mexicano habló con el cubano para decirle que la invitación estaba en pie, pero que tendría que ir solo a la comida y retirarse.

Castro aterrizó en Monterrey, dio su discurso, comió y regresó a La Habana. Bush se mantuvo durante toda la Cumbre. Y ése fue el hazmerreír diplomático del arranque del siglo. Castro acabó filtrando los audios de la petición foxista.

La exigencia del presidente López Obrador, buscando obligar al anfitrión -en este caso a Joe Biden- a invitar a quienes no quiere en su fiesta, acabará por superar el vergonzoso “comes y te vas”.

No habrá un “te vas” porque el mandatario mexicano ya dijo que no va. Y a ver si después de su alineación con lo peor de las tiranías de izquierda, a los mexicanos nos dejan “algo para comer”.

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