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06 de Mayo del 2019

El temor a Alito

Los priistas vuelven a ver la tempestad y no se hincan. La sola posibilidad de buscar otra vez un “dedazo” demuestra que no aprenden de su historia y por eso acabaron en un humillante tercer lugar en la pasada elección presidencial
El debilitado y casi agonizante PRI está a un paso de darse el tiro de gracia. Su consejo político nacional sesiona hoy y debatirá el método de selección de su nuevo líder nacional. Convocados por su actual dirigente, Claudia Ruiz Massieu, los jerarcas tricolores pondrán sobre la mesa una propuesta: la de sepultar la promesa hecha después de su colosal derrota del 2018, de hacer una elección abierta. Quieren cambiarla por una designación directa. Lo cierto es que, como dice el dicho, los priistas vuelven a ver la tempestad y no se hincan. La sola posibilidad de buscar otra vez un “dedazo”, un falso líder “de unidad”, demuestra que no aprenden de su historia y por eso acabaron en un humillante tercer lugar en la pasada elección presidencial. Eran el reciclado partido en el poder, pero ni así pudieron. Y a pesar de designar a un esperanzador candidato como José Antonio Meade, el establishment tricolor se dedicó a boicotearlo, a marcarle agenda, a imponerle discurso, a obligarlo a que se sordeara frente al rechazo popular de un gobierno priista que naufragó en la corrupción. Pues esas mismas cúpulas, la que se disputan el resto de su naufragio con el sueño de reconstruir una balsa para volver a surcar los océanos políticos nacionales, están empeñados en imponer al nuevo líder nacional. Y aprovechando el prestigio académico del ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud, José Narro, lo quieren usar. Y buscan imponerlo como “el rostro fresco del nuevo PRI”. Ni fresco, ni nuevo. Sin demérito de sus credenciales y la honorabilidad que le distingue, sin discusión, la apuesta de las viejas cúpulas priistas es una muy limitada propuesta. Y una ofensa para Narro. Postular a un personaje de 70 años como su abanderado político, en los tiempos en los que hay que atraer a los millenials, que son quienes definirán las próximas elecciones, es absurdo. Lo que de verdad se asoma en la intentona de golpe para elegir al nuevo líder tricolor es el temor de que el partido acabe con un líder no controlable por los que todavía se sienten sus dueños. Y ese personaje lleva por nombre Alejandro Moreno Cárdenas, el gobernador de Campeche que a sus 43 años es mejor conocido entre la clase política como “Alito”. A diferencia de Narro, quien en su muy fugaz carrera política no registra un solo cargo de elección popular, el mandatario campechano viene de abajo. Fogueado como presidente del comité directivo municipal y estatal de las juventudes priistas y como presidente del CEN tricolor en Campeche, ya fue diputado federal, senador y ahora gobernador de su estado. Exhibe trayectoria y roce con las bases. Su edad lo ubica como un aspirante ideal para conectar con las nuevas generaciones, para al menos intentar atraer a quienes, desilusionados de la política, rechazan las opciones que hay sobre la mesa. Los detractores de Alito, los del “fuego amigo”, lo acusan de ser negociador, de tender puentes con las corrientes más disímbolas del priismo, pero sobre todo con los opositores, con el gobierno de la Cuarta Transformación. En su cerrado y anacrónico mundo, los de siempre lo descalifican porque no es dócil, porque no se dobla. Y prefieren jugársela copiando el modelo “a la Bernie Sanders” buscando vender que las canas, aún sin la experiencia política, pueden dar mejores resultados. Si la opción Narro es tan nueva y fresca, ¿por qué entonces cancelar la elección abierta? ¿Por qué ensuciar con su imposición el nombre y la historia de un académico honorable y respetado? ¿Por qué volver a dar la señal de que el PRI tiene dueños, quienes a pesar de su gran debacle de volver perder la presidencia, se niegan a ceder el timón pasado el naufragio que no pudieron impedir? Si se impone el capricho de aquellos que hoy intentarán cancelar la elección abierta, que son los mismos incapaces que lo hundieron en el 2018, estarán colocando la lápida sobre el esqueleto de lo que algún día fue el PRI. Y entonces se confirmará, una vez más, que viejas mañas nunca mueren.