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15 de Mayo del 2019

Stiglitz y Pemex

¿Dónde estaban esos críticos de hoy cuando los gobiernos de los últimos dos sexenios se hicieron a la tarea de endeudar y exprimir a Pemex?
Joseph Stiglitz es un prestigiado economista, un ganador del Premio Nobel que tiene en la antesala la salida de su nuevo libro “People, Power and Profits”. Economista en jefe del Banco Mundial y jefe de asesores del gabinete económico del presidente Bill Clinton, Stiglitz está sacudiendo una vez más las conciencias del establishment global. Basta leer el subtítulo de su libro para entenderlo: “Capitalismo progresivo para una era de descontento”. Lo que se asoma en la renovada tesis del Premio Nobel es la urgencia de imponerle algunos correctivos al llamado “fundamentalismo del mercado”. El fundamentalismo del mercado es el que sostiene otro laudreado economista, Milton Friedman, quien con sus Chicago Boys instalaron en los 90 la era del liberalismo económico por encima de cualquier intervención del Estado. En su nuevo libro, Stiglitz advierte que el sistema capitalista está desmoronándose y demanda un urgente apoyo del gobierno para recuperarse. Una de las críticas más severas que lanza el ahora profesor de economía de Columbia, es que a diferencia de otras épocas, la caída del sistema económico en esta ocasión se dio a la par del desplome del sistema político. El divisionismo económico derivó en un divisionismo político y la radicalización nos está consumiendo en un ciclo cada vez más perverso y peligroso. Stiglitz advierte que la crisis que vive el capitalismo es que las reglas del juego se dedicaron a favorecer a los que más tienen por encima de los que no tienen nada. Y eso genera concentración de mercado, mega corporaciones que todo lo compran y una caída en la productividad por la dominancia de los gigantes. Esa dominancia financiera generó que esas firmas transfirieran sus riquezas al campo de la política y comenzaran a influir en las reducciones de impuestos y las desregulaciones. Se dedicaron a comprar favores. Para decirlo en pocas palabras, lo que en términos coloquiales describe en su libro Stiglitz es lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador llama “La Mafia del Poder”. En México existe una variante. La manga ancha de la corrupción le dio pasaporte a los políticos para que con las carretadas de dinero que hicieron sus abuelos y sus padres vendiendo favores y concesiones, acabaran como dueños de corporaciones industriales y empresariales. Lo que Stiglitz propone son una serie de reformas que incentiven a que el gobierno equilibre la balanza a través de la promoción abierta de investigación, mayores regulaciones a las grandes firmas y evitar que el dinero se entrometa en el voto para comprar la voluntad ciudadana. Viene todo esto a cuento, porque después de anunciarse el martes el refinanciamiento de su deuda para darle un respiro a Pemex, sobraron los críticos que destrozaron las condiciones de la negociación. Dicen que lejos de ser un logro es una zancadilla, porque se pagarán más intereses por el riesgo que representa el futuro de la empresa. Y tienen razón. Pero la quiebra de Pemex no es para nada un asunto endosable al gobierno de la Cuarta Transformación. El hundimiento de Pemex es consecuencia de lo que dice Stiglitz: los políticos y los empresarios se acostaron en el mismo colchón para enriquecerse con nuestro oro negro y ahora todos pagamos la consecuencias. ¿Dónde estaban esos críticos de hoy cuando el gobierno financiero de Luis Videgaray le permitió a su pupilo Emilio Lozoya Austin duplicar en dos años la deuda de Pemex sin que se mejoraran ni las reservas, ni la producción, ni la refinación? ¿Qué hicieron esos hoy feroces detractores del lopezobradorismo cuando en el sexenio de Felipe Calderón se dilapidaron miles y miles de millones de dólares del crudo vendido a 100 dólares el barril, sin que esa bonanza se reflejara en una mejoría en Pemex? Vaya usted mañana al banco a decirle que quiere refinanciar su hipoteca, pero adviértale a quien le presta que sus deudas hoy son el doble que las de hace tres años, con la mitad de los ingresos, a ver si le sostienen la misma tasa de interés. En un descuido hasta le quitan la casa. Por eso hay que escuchar voces alternativas como las de Stiglitz y como la del presidente López Obrador. Por ahora qué les parece si vamos comenzando por exhibir a aquellos personajes –políticos y empresarios- que saquearon a Pemex en los últimos años.