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17 de Junio del 2019

Somos la piñata

Para Donald Trump, siempre hemos sido su piñata. Lo somos desde su candidatura presidencial en el 2016 y lo volveremos a ser en su intento de reelección en el 2020. Si el gobierno de la Cuarta Transformación y los mexicanos asumimos que viviremos secuestrados por el rabioso mandatario norteamericano los próximos 15 meses, de aquí a que se reelija o no, el conflicto será mas llevadero
La piñata es un hermoso simbolismo mexicano que se traduce en que quien le pega y acaba con ella, derrota a los pecados capitales. Y la dulce recompensa ante su triunfo es la lluvia de bendiciones hechas golosinas. Recordando ese simbolismo, para Donald Trump siempre hemos sido su piñata. Lo somos desde su candidatura presidencial en el 2016 y lo volveremos a ser en su intento de reelección en el 2020. Estamos obligados a asumir este enfoque, si como nación queremos sobrevivir a la irracionalidad que significó hace cuatro años la promesa de un muro que pagaríamos o un Tratado de Libre Comercio que se cancelaría. ¿Hay muro? ¿Se canceló el TLC? Lo de hoy es una versión reciclada de lo mismo. Sin muro en el horizonte, somos la coladera de la ola migratoria centroamericana y como castigo merecemos que Trump nos imponga aranceles, aún por encima del nuevo tratado comercial. Por más que lo quieran vestir de astuto y sofisticado, Trump es básico y primitivo. Peor aún, es grosero y ruidoso. Lo vemos en sus quiebres con la OTAN, la ONU, el cambio climático, la Unión Europea, China, Medio Oriente y por supuesto, su villano favorito: México. A falta de una guerra en el Pérsico que le unifique al electorado en torno a un “masiosare”, el inquilino de la Casa Blanca vuelve a reciclar la siembra del terror entre los norteamericanos de que serán invadidos por hordas de “bad hombres” que les robarán sus empleos y la tranquilidad. Ese es el enemigo a vencer. Pero esos “criminales”, como él los describe, ya no son mexicanos como hace cuatro años. Las cifras del éxodo de compatriotas viene de bajada y no le da para vender el cuento. Por eso se inauguraron hace un año las marchas de inmigrantes centroamericanos. Para contar el cuento de que ese “basurero de naciones” le están enviando a Estados Unidos a su escoria humana para robarles su tranquilidad. Sean espontáneas o patrocinadas, las peregrinaciones son cubiertas en vivo por las cadenas filiales al trumpismo, como Fox News, para alarmar a los electores. Cada peregrinación es un mitin rumbo al 2020. En el 2016 Trump prometió en campaña un muro fronterizo que sería pagado por México. Y a falta de cumplir su locura porque el Congreso no le cumplió el capricho, la nueva piñata son los inmigrantes centroamericanos. Y con el palo de su tuit diario, el personaje que desafía la estabilidad geopolítica del planeta golpea como piñata a México porque no le paramos en el Usumacinta la amenaza que ahora busca cruzar el Río Bravo. Los estrategas de Trump tienen muy claro que las más recientes redefiniciones políticas están ligadas a la migración. En España, en Francia, en Italia y no se diga en Alemania. Ni qué decir de la migración venezolana a Colombia, Perú o Brasil. Los liderazgos se fortalecen o caen en función de cómo enfrentan el ajuste de facturas que “los explotados” o “los olvidados” le están pasando al capitalismo primermundista que los convirtió en el tercer inframundo. Y bajo esa óptica global adaptada a su reelección es que Trump crea la nueva piñata a la que todos los norteamericanos están obligados a pegarle, votando por él. La otra piñata electoral del 2016 fue la de revisar el Tratado de Libre Comercio. Fue demasiado ruido y la renegociación le dejó pocas nueces. Por eso ahora en tiempos de reelección viene la resaca con la amenaza de los aranceles a los productos mexicanos. Un desconocimiento de facto desde la Casa Blanca al nuevo tratado anunciado como un éxito desde la mismísima oficina Oval. Si el gobierno de la Cuarta Transformación y los mexicanos asumimos que viviremos secuestrados como piñata los próximos 15 meses, de aquí a que se reelija o no Trump, el conflicto será mas llevadero. Y frente a cada tuitazo rabioso del inestable, solo recordemos que cuatro años después de aquellas amenazas del 2016 ni hay muro, ni se canceló el TLC.