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25 de Septiembre del 2019

Sin “Pelosis”en la lengua

Nancy Pelosi entiende que un impeachment no es un juego. Si la líder demócrata de la cámara baja decidió investigar a Donald Trump es porque ve condiciones suficientes de éxito.
Hace unos meses, un espléndido amigo nos dio la oportunidad de compartir la mesa en Texas con Nancy Pelosi.   Durante las más de dos horas en las que se prolongó la comida, sentado junto a la poderosa líder del Congreso de los Estados Unidos, una de mis preguntas obligadas fue por qué a pesar de tantas evidencias del manejo casi monárquico de Trump como presidente, no se iniciaba un proceso de impeachment, conocido en México como desafuero.   El cuestionamiento venía porque Pelosi estaba, en esos días, bajo el fuego de sus propios correligonarios, algunos de los cuales la tildaban de tibia por su rechazo insistente a poner contra la pared al inquilino de la Casa Blanca.   Con enorme aplomo y seguridad, sin titubear, la jefa suprema de los Demócratas, la más poderosa adversaria del rijoso mandatario, nos respondió tajante: Un impeachment no es un juego. No he visto las condiciones suficientes que nos garanticen el éxito. Pero si lo llegamos a hacer, será porque la mesa esta servida para demostrar la obstrucción de justicia desde el poder presidencial.   Nancy Pelosi hizo ayer el esperado anuncio oficial de que buscarán el impeachment del presidente Trump. Y si nos atenemos a lo que nos dijo en aquella comida, la gran dama debe tener las prueba suficientes para lograr con éxito la expulsión del presidente de la Casa Blanca.   La historia es simple. En una llamada telefónica, Trump le pidió al presidente de Ucrania que investigara una empresa presuntamente ligada al hijo de Joe Biden, quien podría ser su rival demócrata a la presidencia en 2020.   Como no vio respuesta inmediata de su colega, Trump habría cancelado un programa de asistencia militar a Ucrania por 391 millones de dólares.    Y fue solo la filtración de un whistler-blower – en español,  conocido como informante o pitarra- que el caso emergió al debate y en el último minuto se destrabó la cancelación del programa. Desde la Casa Blanca siempre se negó que los hechos estuvieran relacionados.   Pero como ya existía un informante que había interpuesto la denuncia de la famosa llamada entre el presidente norteamericano y el ucraniano, el Congreso demandó al Departamento Nacional de Inteligencia que le fueran entregadas las transcripciones telefónicas de esa conversación. Un hecho al que están obligados por ley.   Pero hasta ahora el Inspector General de Seguridad Nacional, instalado ahí por recomendación de Trump, se niega a entregar cualquier audio o transcripción telefónica entre los mandatarios.   Bajo esa negativa, los demócratas comandados por Pelosi tienen el derecho a acusar obstrucción de justicia, considerando que Trump pudo haber utilizado el dinero de los contribuyentes –el fondo de ayuda- para obtener la ayuda de un poder extranjero que investigara a uno de sus rivales políticos, en la antesala de la elección presidencial en la que él buscará su reelección.   El anuncio de Pelosi fue una bomba no solo en la Casa Blanca, sino en las Naciones Unidas, en donde el acusado Trump se dirigía ese mismo día a los mandatarios del mundo para dar su peculiar visión del planeta. Mejor momento, imposible.   Pero a pesar del anuncio del inicio del proceso de impeachment, Trump se concretó a repetir que lo que existía era una “cacería de brujas, la más grande en la Historia”. Y que en su momento se entregarían las transcripciones de su conversación con el mandatario ucraniano.    ¿Por qué, si no hay pecado, no las entregó ayer mismo? ¿Por qué no echar abajo la presunción de obstrucción de justicia para dejar en el descredito a Pelosi y a los demócratas?   Quizá la respuesta sea que, bajo el paraguas de los encuentros de las Naciones Unidas, el miércoles se dará una  reunión privada entre Trump y el presidente de Ucrania. Y tal vez el jueves, si todo sale bien, se liberen los transcripts.   Pero lo dicho, dicho está. Cuando la poderosa dama del Capitolio habla, está claro que no tiene “pelosis” en la lengua.