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16 de Julio del 2018

SCT: primer agujero

Si el virtual presidente electo busca contundencia, tendría que controlar las guaridas donde se saquean los miles de millones del erario nacional. Y para muestra está la SCT
Aún sin su constancia como presidente electo, Andrés Manuel López Obrador ya se apoderó mediáticamente de México. Y aunque no ejerce aún el poder que el voto le confirió, desde el dos de julio domina con sus propuestas de gobierno el debate nacional, los titulares y las mesas de café. A poco mas de 100 días de que tome posesión, su presencia política eclipsó al presidente Enrique Peña Nieto. Y los nombres de Romo, Urzúa, Sánchez Cordero, Moctezuma, Jiménes Espriú, Durazo, Clouthier y Robledo, entre otros, desplazaron ya los de Videgaray, González Anaya, Navarrete o Ruiz Esparza… (¿alguien recuerda a alguien mas?) Los anticipados anuncios sobre las medidas que el nuevo gobierno tomará a partir del primero de diciembre cimbran ya las estructuras burocráticas. Las políticas, las financieras y las judiciales. Los recortes vienen en grande y en serio. Y está mas que claro que el destino principal de López Obrador será el combate a la corrupción. Pero si el virtual presidente electo busca contundencia, lo que tendría que hacer es controlar las guaridas donde se saquean no los millones, sino los miles de millones del Erario nacional. Y para muestra ahí está la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el epicentro nacional donde se deciden las grandes obras, los mega contratos y, en consecuencia, los oscuros arreglos bajo la mesa. Las grandes marcas de la corrupción en el actual sexenio pasan por la SCT. Higa, OHL, Aldesa, Mota-Engil o las cuestionadas asignaciones al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, entre muchas. Simplemente la dependencia es monstruosa en responsabilidades, licitaciones, asignaciones directas y manejos presupuestales. Desde los años en que Emilio Gamboa transformó esa dependencia en una Vicepresidencia de los Favores, es descomunal el poder acumulado por las gracias concedidas a los constructores, a los concesionarios de las telecomunicaciones o a los concesionarios de medios electrónicos de comunicación. Ese es el conflicto de fondo. La enorme concentración de poder para que un solo mortal tenga bajo su custodia tantas áreas estratégicas, que no pueden ser atendidas con la necesaria urgencia que los tiempos exigen. Por eso haría bien el equipo que prepara la transición en evaluar la posibilidad de dividir la SCT en tres secretarías, que no solo darían mas eficiencia a sus responsabilidades, sino que desmantelarían el mayor centro de poder presupuestal y de potencial corrupción dentro del gobierno federal. Con los mismos recursos con los que hoy opera la SCT, lo conducente sería crear tres Secretarías mas manejables, mas ágiles, mas eficientes. Una de Infraestructura, que atendiera la construcción de carreteras, puertos, aeropuertos y toda obra federal en la que involucren cemento y acero. Otra de Transporte, que fuera eficiente en la regulación del transporte público federal, desde trailers hasta autobuses, pasando por los olvidados ferrocarriles y las cada vez mas conflictivas aerolíneas. Y una mas de Telecomunicaciones, para acelerar la desconcentración y la competencia mas abierta de la telefonía y la conectividad. Como ya opera en decenas de países avanzados, que reconocen en las redes las nuevas supercarreteras de la información. Por eso decimos que mas allá de las medidas específicas para cerrar las llaves del Erario a la corrupción, el mejor camino a la largo plazo es restarle poder a quienes con su mal uso o con su abuso pueden corromperlo todo. Y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes sería un excelente “primer agujero” a tapar.