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09 de Enero del 2020

Santa Marta

Bien reza el dicho que Dios los hace y ellos se juntan. Y Marcial Maciel y Marta Sahagún de Fox pasarán a la historia como dos violadores consuetudinarios.
Desde el primer día en que Vicente Fox asumió la llamada Presidencia del Cambio, en el mismísimo acto de toma de posesión, lo hizo con el crucifijo en la mano. Y aunque en el discurso su postura era la de respetar el Estado laico, en los hechos el desfile de hábitos y sotanas fue el pan nuestro de cada día en los pasillos de Los Pinos. Fox fue condescendiente con la Iglesia Católica desde su primer día, porque tenía el interés personal de que el Vaticano les anulara a él y a Marta Sahagún sus primeros matrimonios. Y a partir de ese interés se volvió costumbre que la futura Primera Dama se apoderara de las relaciones directas entre la Presidencia de México y la Iglesia. Para ello la Señora Marta se encomendó a una sotana de todas sus confianzas y complicidades -la del Padre Marcial Maciel. Con él operó favores y finanzas de los Legionarios de Cristo. Primero en Celaya y luego en Guanajuato, en los días en que Fox fue gobernador de aquella entidad. Por eso cuando la Señora Marta se mudó a la cabaña acogedora de Los Pinos, Maciel se autodesignó como el embajador habitual de la Santa Sede con el gobierno mexicano. De hecho fue el líder de los Legionarios de Cristo quien buscó interceder ante el Papa Juan Pablo II para que recibiera a Fox y a Marta en su controvertida visita al Vaticano. Pero las gestiones no prosperaron. La pareja debió conformarse con una foto en las afueras de la Santa Sede, con la imagen de la Basílica de San Pedro a sus espaldas, en un amoroso beso que desafiaba el desaire que les recetó el Papa. A pesar de todo, Maciel continuó como el artífice de conciliábulos en Los Pinos, no solo con los políticos del momento sino con prominentes empresarios y financieros, hijos incluidos, a quienes Marta convocaba para apoyar la causa Legionaria. Por eso no sorprende la revelación de la Unidad de Inteligencia Financiera que preside Santiago Nieto anunciando una investigación sobre los Legionarios de Cristo y en particular el rol de la ex Primera Dama como administradora de algunos de sus dineros. No sería ni por asomo el único cuestionamiento en el manejo de dineros públicos para una Señora Marta que actuaba como vicepresidenta en funciones, e incluso como presidenta in péctore. Cuestión de recordar los escándalos de Amigos de Fox, en donde la que operaba como jefa de la campaña presidencial se confrontó con Jose Luis “El Bigotón” González y con Lino Korrodi sobre el manejo de los dineros aportados por empresarios a la campaña presidencial. A mitad del sexenio “El Bigotón” perdió la vida en un accidente de motocicleta. Y ni qué decir de un escándalo todavía mayor, el de la famosa fundación de “Vamos México”, un presunto proyecto de filantropía que se convirtió en su fallida plataforma política. A esa cuestionada fundación subió a su consejo a empresarios de la talla de Carlos Slim, Roberto Hernández, Alfredo Harp, Lorenzo Zambrano, Manolo Arango, María Asunción Aramburuzabala, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego, Roberto González Barrera y Fernando Senderos. Y el debut en sociedad de la filantrópica fundación para los pobres se dio con un concierto de Elton John, en el Palacio de Chapultepec, en el que se cobró la nada despreciable aportación de 100 mil dólares por mesa. El proyecto terminó en un escándalo internacional denunciado por el diario británico The Financial Times, que exhibió los excesos, los desvíos y la falta de transparencia de “Vamos México”, una investigación que fue sepultada en el sexenio de Felipe Calderón. Por eso bien reza el dicho que Dios los hace y ellos se juntan. Y Marcial Maciel y Marta Sahagún de Fox pasarán a la historia como dos violadores consuetudinarios. El líder de los Legionario de Cristo, como un violador de menores, pederasta consumado, que murió sin pagar en vida sus pecados, amparado por El Vaticano. Y la ahora investigada ex Primera Dama, quien se dedicó a violar una y otra vez las fronteras del decoro político y financiero, para construirse -a lomo de su presidencial marido- un proyecto político personal que terminó abortado. Hace bien la Unidad de Inteligencia Financiera en desenmascarar a Santa Marta. Más que en un nicho de adoración en alguna iglesia, quizá su mejor lugar esté en Acatitla.