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27 de Febrero del 2019

Hacerle al avestruz

Mientras en materia de Seguridad todo continúe siendo una simulación todo va a empeorar. Por eso hay que ponerle atención especial a lo que sucede en San Pedro
Las autoridades federales lo saben….. y prefieren guardar silencio. Las autoridades estatales lo padecen… y lo dejan pasar. Las autoridades municipales lo tienen muy claro… y se ven obligadas a doblar las manos. Mientras en materia de Seguridad todo continúe siendo una simulación en la que alguien –que no es el que se ve- tiene la sartén por el mango, nada va a cambiar y todo va a empeorar. Por eso hay que ponerle atención especial a lo que en materia de seguridad pública sucede en Nuevo León y en particular en San Pedro Garza García. Porque aunque no se admita públicamente, el estallido súbito de violencia y acciones que califican como terroristas son producto de conflictos entre altos mandos de seguridad en los tres niveles de gobierno. Por más que se le quiera maquillar, la salida de Jesús Gallo de la dirección de Seguridad Pública de Garza García solo viene a confirmar quién es el dueño las fichas y quién lo es también del tablero. El conflicto del municipio modelo de México no es distinto al que se vive en todo el país. Dos cárteles o fuerzas del crimen organizado se confrontan, buscan el control de la una sobre la otra. Y al final del día el terror se apodera de una población que no entiende lo que sucede. La ingenuidad de los ciudadanos, producto no de una mala fe sino de su desinformación, los lleva creer que con marchas por la paz, enfundados en vestimentas blancas, van a resolver el súbito estallido de inseguridad. Nada de eso. Lo que de verdad urge es que todos, ciudadanos, autoridades, empresarios con el poder de influir y líderes sociales dejemos de asumir la estrategia del avestruz. Y que sabiendo lo que sucede con los cuerpos policíacos infiltrados, maiceados o abiertamente comprados por el crimen organizado, se le haga frente a la criminal complicidad. Dejar hacer y dejar pasar, a sabiendas de quiénes están detrás de los padrinazgos de información privilegiada al crimen organizado, es solo posponer una agonía que cada día será mas dolorosa y temeraria, con peores consecuencias. Aceptar el amago de cualquier fuerza pública, se le vista del color que le vista, es acabar secuestrados por intereses ajenos a los de una comunidad que merece vivir en paz, no en el terror de que en cualquier momento el asalto segará vidas inocentes. El alcalde de San Pedro, Miguel Treviño, hizo lo que en su circunstancia podía hacer para recobrar la tranquilidad. Y por eso fue justificable el sacrificio de su secretario de Seguridad Pública en aras de pacificar el territorio. Pero esa es solo una aspirina de muy corta duración. Urge que la autoridad estatal y por supuesto la federal asuman lo que les corresponde, sin soslayar cualquier posibilidad de un conflicto entre intereses encontrados. Sean legítimos o no. Porque si el modelo avestruz de San Pedro acaba por convertirse en el estándar nacional, de poco servirá que se instale una Guardia Civil que nacerá sometida, acotada y boicoteada. Que al presidente Andrés Manuel López Obrador se le expongan los hechos y las evidencias. Que al secretario de Seguridad Alfonso Durazo le exhiban la película de principio a fin. Que se investiguen los hechos hasta las últimas consecuencias. Aceptar la estrategia del avestruz será lo mismo que comprar la paz con la que se vivió en las administraciones del caprichoso y locuaz alcalde Mauricio Fernández Garza Sada. Y eso es lo que al final del día nos tiene postrados frente al terror.