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01 de Noviembre del 2018

De Salinas a AMLO

Antes de que concluyera su sexenio, la crisis de Carlos Salinas estalló. Con AMLO, se la intentan estallar antes de ser investido con la banda presidencial
Cuando Carlos Salinas de Gortari llegó a Los Pinos en 1988 entendió que debía reconciliar a la nación, que venía padeciendo los estragos de los críticos sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo. Peleados con el capital después de la ola estatizadora de empresas y bancos, confrontados con el Ejército que exigía que le limpiaran las culpas echeverristas del 68 y cerrados a  una relación moderna y abierta con la Iglesia, todo conspiraba contra México. La fe, la esperanza y la caridad coexistían en la mesa de los acuerdos secretos, aquellos con los que intentaron arrebatarle a Salinas y al PRI neoliberal el poder. Fueron aquellas elecciones de la caída del sistema en las que Echeverría, Cárdenas y Muñoz Ledo asestaron el golpe arropados con la chequera del sindicato petrolero y la movilización en las urnas de los maestros. PRI viejo contra PRI nuevo. Sacudiéndose a Joaquín Hernández Galicia, alias La Quina, y a Carlos Jongitud Barrios, el pacto de paz instaló en Gobernación de Fernando Gutiérrez Barrios. Mientras don Fernando despachó en Bucareli, el sexenio de Salinas saboreó sus días de gloria. Pero cuando fue renunciado de Gobernación el 4 de enero de 1993, la conspiración se reinstaló y la pesadilla comenzó. La primera intentona fue el asesinato en Guadalajara del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Lo operaron los del Cártel de Tijuana, los Arellano Félix, protegidos de don Fernando. La confrontación con la fe estaba en marcha. Tras el destape de Luis Donaldo Colosio vino el otro coletazo. Emergió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional que le declaraba la guerra al Ejército Mexicano. Don Fernando tras el pasamontañas. La confrontación con la esperanza escondía su rostro vengativo. Pero el mensaje que el viejo PRI de Echeverría intentaba enviarle a Salinas no fue entendido. Y cuando fue imposible el relevo del candidato Colosio, recurrieron a los magnicidios. Primero el del abanderado presidencial el PRI y luego el del cuñado de Salinas, José Francisco Ruiz Massieu, quien se preparaba para ser el poder tras el trono en el gobierno improvisado de Ernesto Zedillo. Ni Echeverría ni don Fernando permitirán la reelección en interpósitas personas. La inestabilidad económica sacudió los mercados y se dio la inevitable la confrontación con la caridad, plasmada en el Error de Diciembre. Salinas fue orillado al exilio en Irlanda. Hay ocasiones en que vale la pena recordar la historia para buscar que no se repita. Entender que la política es el arte de conciliar lo deseable con lo posible. Y de entender que no todos los que juegan el juego del poder buscan el bien común, sino el respeto a sus privilegiados intereses. El presidente electo Andrés Manuel López Obrador está obligado a hacer una profunda reflexión para evitar que aquella historia oscura se repita. Moderar desencuentros, dosificar luchas y los campos de batalla, pero sobre todo no propiciar que -como ya sucedió en los 90- terminen sentados en la misma mesa todos los intereses amenazados, para consumar lo que acabará por ser una profecía negra que se autocumplirá. Identificar dónde están esos modernos “don Fernandos” –que los hay- y que conspiran ya. Lo mismo para mostrar la violencia contra otro Cardenal, atizar el fuego hacia quienes se sienten intocables en el Ejército y no se diga con los hombres del capital, intranquilos y nerviosos ante la incertidumbre del destino de sus privilegios. La crisis de Carlos Salinas estalló poco antes del quinto año de gobierno, 18 meses antes de concluir el sexenio. La crisis que se le está gestando al ahora presidente electo se la intentan estallar antes de ser investido con la banda presidencial. Ojalá que por el bien de México la desactiven. Siéntense a dialogar, no a confrontar ni conspirar.