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13 de Septiembre del 2018

Rosario y su banda

La economista, Rosario Robles, quien fundó el PRD en 1989 y quien brillaba fulgurante en el firmamento político de México ahora colapsa tras las acusaciones de desvíos
Hasta agosto del 2003, en que dejó la presidencia nacional del PRD, la estrella de Rosario Robles brillaba fulgurante en el firmamento político de México. Y no podía ser de otra manera. La economista que se inició en el Sindicato de Trabajadores de la UNAM y que en 1989 fue fundadora del PRD vivió una meteórica carrera política. Legisladora por el Sol Azteca en 1994, para 1997 ya era secretaria de Gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en la jefatura de Gobierno del DF. Dos años más tarde, cuando el nieto del Tata fue a buscar la presidencia, Robles fue designada jefa de gobierno interina. Y fue una auténtica revelación. Para entonces su patrimonio declarado eran una casa en Coyoacán, un auto y una modesta cuenta bancaria. Desde la jefatura del DF impulsó la candidatura de Andrés Manuel López Obradorpara que la sucediera. Y el tabasqueño ganó sin despeinarse en el 2000. Dos años más tarde, Robles sería electa presidenta nacional del PRD, donde escribió el principio de su fin. Prometió que renunciaría si no lograba el 20 por ciento de los votos en sus primeras elecciones como líder del Sol Azteca. Y le inyectó cientos de millones de pesos a campañas mediáticas, dejando al PRD en una quiebra técnica, con deudas impagables ante las televisoras. Sus relaciones sentimentales con el empresario argentino Carlos Ahumada se trasladaron de la privacidad a la arena política, cuando el constructor la rescató de sus grandes adeudos con Televisa. Pero su estrella colapsó cuando ese su constructor favorito  filtró un video del perredista René Bejarano recibiendo 45 mil dólares en efectivo en las oficinas de Ahumada. El “donativo” era presumiblemente para pagar favores a Robles y apoyar, entre otras, la campaña de López Obrador rumbo a la presidencia en el 2006. Se aceleró su eclipse en el Sol Azteca y ante la amenaza de ser expulsada renunció en medio del escándalo. Durante casi ocho años vivió de colaboraciones periodísticas, consultorías políticas a candidatos de todos los partidos e incluso como actriz en “Los Monólogos de la Vagina”. Hasta que en septiembre del 2012, Robles fue rescatada y presentada en el equipo transición del priista Enrique Peña Nieto, quien meses antes derrotó a López Obrador. Para diciembre, ya con el gabinete designado, ocupó la Secretaría de Desarrollo Social y más tarde la Secretaría de Desarrollo Urbano y Territorial (Sedatu). Pero ya entonces Rosario Robles no era aquella mujer modesta, sin pretensiones de imagen. Por el contrario. Se le descubrió adquiriendo costosos vestuarios en boutiques de marca, comiendo en los más suntuosos restaurantes de la ciudad que algún día gobernó y renegando del partido y de aquellos que la apoyaron para darle un lugar en la política. Hasta que en febrero del 2018 fue descubierta la llamada “Estafa Maestra”, una intrincada red de personajes e instituciones que ordeñaban a la Sedesol y a la Sedatu, en los días en que Robles las presidió. Casi mil 400 millones de pesos de desvíos fueron documentados entonces. Y esta semana se exhibieron 700 millones mas, triangulados todos hacia Universidades, empresas fantasmas y particulares de pantalla. Será sin duda el mayor escándalo que junto con Odebrecht cierre el sexenio que agoniza. También será sin duda la investigación con la que debute el gobierno que promete una cruzada anticorrupción. Y aquella anécdota que narraba cómo Rosario Robles alcanzó a sentir la banda presidencial cruzar su pecho, solo será una quimera. Un sueño que no sobrevivirá el inevitable juicio que ya le espera.