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30 de Enero del 2020

Romo, la turbina

La tarea de Romo, a la par de su encomienda como Jefe de la Oficina de la Presidencia, será la de ser el instrumentador junto con los secretarios del Gabinete Económico de procesos que den resultados en el corto plazo en materia de crecimiento.
El mensaje del presidente Andrés Manuel López Obrador no dejó dudas. La prioridad en su gobierno es el crecimiento para el bienestar y las riendas de ese corcel están en manos de Alfonso Romo. Por eso le otorgó ayer a su Jefe de la Oficina de la Presidencia el nuevo encargo de ser el Jefe del Gabinete del Crecimiento, que decidirá las prioridades para acelerar la inversión y atraer proyectos que impacten en el bienestar de la nación. El anuncio presidencial es un reconocimiento abierto para que todos los proyectos que se están presentando puedan concretarse en el menor tiempo posible; es urgente un mando único que asuma el timón del reto. Y al mismo tiempo es otro reconocimiento abierto a la tarea que durante el primer año de gobierno de la Cuarta Transformación viene haciendo Alfonso Romo, al tender los puentes de confianza entre el gobierno y los inversionistas privados y extranjeros. Está claro que con el nuevo Gabinete para el Crecimiento Económico, el inquilino de Palacio Nacional admitió la urgencia de meterle el acelerador a los programas de inversión para elevar la confianza de los inversionistas. Porque una de las críticas más severas dentro y fuera de México es la baja velocidad en la implementación de los programas nacionales de energía, vivienda y algunos estratégicos en el sistema alimentario. El desmantelamiento del viejo sistema y los excesivos controles del Gasto Público en el primer año de gobierno disminuyeron sensiblemente la velocidad en el ritmo de inversión. Y aunque en distintos eventos los empresarios nacionales y los inversionistas extranjeros manifestaron su confianza en el nuevo gobierno, en los hechos la burocracia y la poca disponibilidad de recursos instalaron a México en una tasa de crecimiento cercana al cero. Bajo el nuevo Gabinete para el Crecimiento Económico comandado por Romo orbitarán las secretarías de Hacienda, Economía y Energía, con PEMEX y la CFE incluidas, además de Agricultura y Vivienda. El reto que Romo asume con esta nueva posición es la de crear una turbina de crecimiento, que pasa por eliminar burocracias, implementar y darle velocidad a todo, porque como lo dijo el presidente López Obrador, sin crecimiento no existe nada que ofrecerle a los 50 millones de mexicanos en pobreza. Y al Plan de Infraestructura que ya fue anunciado hace algunas semanas, se le sumará el lanzamiento del Plan Nacional de Energía por anunciarse a finales de febrero. Este plan estratégico incluirá una inversión inicial cercana a los 100 mil millones de pesos en 137 proyectos energéticos para Pemex y la CFE. También vendrá un Plan Nacional Inmobiliario y de Vivienda que relanzará el mercado de la construcción, reconocido como uno de los motores clave en el crecimiento de cualquier economía. Junto a la infraestructura, la energía y la vivienda, vendrán programas nacionales de producción que incluyen maíz y lácteos, para fortalecer el sistema nacional alimentario. La tarea de Romo, a la par de su encomienda como Jefe de la Oficina de la Presidencia, será la de ser el instrumentador junto con los secretarios del Gabinete Económico de procesos que den resultados en el corto plazo. Está claro que el tiempo se agota y el gobierno de la Cuarta Transformación está obligado a revertir las cifras del arranque, para crear el punto de inflexión que encamine a la economía a la tasa de crecimiento prometida del 4 por ciento. Y aunque se están terminando de diseñar los procesos y las estrategias de este Gabinete Económico del Crecimiento, su anuncio y la designación de Romo al frente son un excelente arranque. El nuevo T-Mec es una excelente pista para el despegue.