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19 de Marzo del 2019

Requiem neoliberal

Andrés Manuel López Obrador anunció el fin del amasiato entre el gobierno y el capital, pero la pregunta hoy no es si el cambio será posible, sino el riesgo que estarán dispuestos a pagar quienes impulsan ese cambio y el precio que estarán dispuestos a pagar quienes se resisten a sepultarlo. Esta vez, ¿ganarán los liberales o los conservadores?
El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció las exequias, el réquiem, la cristiana sepultura para el régimen neoliberal. Y declaró formalmente desde el Palacio Nacional el fin de este modelo, incluyendo lo que consideró “su política económica de pillaje, antipopular y entreguista”. Eso es en el fondo el espíritu de la llamada Cuarta Transformación. El acabar con el llamado amasiato entre el gobierno y el capital. El aceptar que políticos y empresarios vivan bajo el mismo techo, pero exigir que duerman en habitaciones separadas. El frenar la entrega de la industria y los servicios estratégicos mexicanos a los extranjeros. Puede escucharse simple, pero consumar el fin del modelo neoliberal tejido desde el sexenio de Salinas de Gortari y perfeccionado en los de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, implica un viraje que inevitablemente traerá consigo un quiebre. Pacífico o violento, pero un quiebre. Qué tan duro crujirá la rama dependerá de la habilidad para manejarla, para venderle no solo al pueblo sino a los hombres del capital las bondades del modelo a estrenar. Cuando los mexicanos estábamos cansados de la dependencia de España, el cura Miguel Hidalgo abanderó el quiebre. Pero su costo se pagó con sangre en la guerra de la Independencia. Cuando don Benito Juárez promovió con su Reforma la separación de la Iglesia y el Estado, vivimos dos intervenciones –la francesa y la norteamericana. Y el benemérito vivió por años errante, con la Constitución y su gobierno bajo el brazo. Ganaron los liberales, perdieron los conservadores. Lo mismo sucedió con quienes abrazando el Sufragio Efectivo - No Reelección anunciaron el fin del modelo porfirista. Pero don Francisco I. Madero pagó el sueño democrático con su vida y millones de mexicanos murieron en el campo de batalla de una revolución que acabó traicionada. Ganaron los liberales, perdieron los conservadores. El general Lázaro Cárdenas vino decretar el fin del modelo petrolero en manos de extranjeros e hizo del reparto de tierras su arma para buscar un equilibrio político, social y económico. Ganaron los liberales, perdieron los conservadores. El presidente Luis Echeverría hizo del estatismo su bandera de lucha, decretando de facto el fin del desarrollo estabilizador generado entre los sexenios de Miguel Alemán y Gustavo Díaz Ordaz. La guerra ya no fue con la fuerza de los fusiles, sino con el poder del dinero. Los capitales se fugaron en los sexenios de Echeverría, López Portillo y Miguel de la Madrid. El Peso se devaluó una y otra vez. Ganaron los conservadores, perdieron los liberales. El sexenio de Carlos Salinas de Gortari se significó por el quiebre con el modelo estatista, que fue reemplazado por el modelo neoliberal de privatizaciones y apertura comercial. Se gestó una casta económica que prevalece y durante los sexenios de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto algunas de las industrias más estratégicas y la Banca pasaron a manos extranjeras. Políticos y empresarios comían en la misma mesa, dormían en la misma cama. Ganaron los conservadores, perdieron los liberales. Ahora el nuevo quiebre lo propone el presidente López Obrador. Dejar a un lado el modelo neoliberal para buscar reglas del juego político y económico que redistribuyan mejor la riqueza nacional, promuevan una menor desigualdad y destierren la corrupción que las distorsiones del neoliberalismo creó. Pero al igual que sucedió con Hidalgo, Juárez, Cárdenas, Echeverría y Salinas, el quiebre tendrá su precio. Y las tensiones entre conservadores y liberales volverán al discurso, a las urnas, a las calles. La pregunta hoy no es si el cambio será posible, sino el riesgo que estarán dispuestos a pagar quienes impulsan ese cambio y el precio que estarán dispuestos a pagar quienes se resisten a sepultarlo. Por ahora -en las urnas- ganaron los liberales, perdieron los conservadores.