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21 de Septiembre del 2018

¡A tragar camote!

Rafael Moreno Valle y su esposa, la gobernadora electa Martha Érika Alonso, podrían acabar “tragando camote” con el recuento de votos de la elección de Puebla
En medio de lo que fue considerada a nivel nacional una elección presidencial 2018 limpia, existieron lunares que la mancharon. El mayor se dio en el estado de Puebla. Los comicios poblanos fueron controvertidos desde su origen, cuando la coalición “Por Puebla Al Frente” postuló como su candidata a Martha Erika Alonso, la esposa del muy ex gobernador panista, también de Puebla, Rafael Moreno Valle. Su rival de mayor cuidado fue el candidato de “Juntos Haremos Historia”, Miguel Barbosa, quien fuera presidente del Senado por el PRD entre 2014 y 2015. Por donde se le vea, la de Puebla fue una elección desaseada, por decir lo menos; fraudulenta, por decir lo más. Se dieron homicidios, robo de urnas, balaceras en al menos 10 casillas, compra de votos y golpes a funcionarios de casillas de la coalición encabezada por Morena. El epicentro del escándalo se dio en el descubrimiento de un presunto “laboratorio”, en el que se fabricaban o modificaban actas electorales, que ya manipuladas eran presumiblemente enviadas al Instituto Estatal Electoral. El “laboratorio” en el que operaban 50 personas fue detectado en el hotel MM de Puebla y los 18 videos de la irrupción que puso al descubierto el oscuro operativo no dejan lugar a dudas de lo que ahí se cocinaba. Pero más allá de esas presunciones, que tendrían que dirimirse con pruebas en los tribunales, las cifras de la elección son las que obligan a la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a ordenar un recuento total de los votos en la elección para gobernador. Legalmente lo que da paso a esta impugnación es que el diferencial de votos entre los dos principales rivales políticos es de apenas 4.1 por ciento. La ley dice que un diferencial menor al 5 por ciento abre la puerta para solicitar un recuento. Pero el factor crucial de la impugnación tiene que ver con el diferencial de votos cuando se le compara con los votos anulados. El cómputo oficial hasta, antes del recuento, le da a Martha Erika Alonso un millón 152 mil 978 votos contra un millón 30 mil 924 de Miguel Barbosa. La diferencia entre la ganadora y el perdedor es de apenas 120 mil 641 votos. Pero resulta que los votos anulados alcanzan los 128 mil 535, es decir, casi 8 mil sufragios mas que los que le dan el triunfo a la candidata de “Al Frente por Puebla”. Y ese solo hecho, sumado al desaseo en el manejo de las casillas y de los paquetes electorales, obligó al tribunal federal electoral a exigir el recuento del voto por voto, casilla por casilla. El caso es por demás relevante, porque lo que de verdad está en juego es uno de los dos bastiones presupuestales que retiene el panismo. El otro es Guanajuato. Quizás por ello se habla de un acuerdo entre el PAN y el PRI,  en el que los albiazules aceptarían regresar al los tricolores los municipios de Monterrey y Guadalupe, en Nuevo León, a cambio de que los priistas apoyen al PAN para retener Puebla. Pero de que el voto por voto poblano será de antología, ni lo duden. Sobre todo cuando los morenistas traen como asesor jurídico nada mas y nada menos que a Santiago Nieto, el ex titular de la Fiscalía Especial para Delitos Electorales. Por lo pronto en los cuarteles de guerra de Martha Erika Alonso y de su esposo Rafael Moreno Valle las alertas rojas y la contraofensiva son extremas. No vaya a ser que en un descuido, como buenos poblanos, acaben tragando camote.