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01 de Junio del 2020

Radicales Vs Radicales

Insistir en jugar al juego de los ataques sin sentido, con videos editados, falseados, y con marchas ciudadanas de claxons sobre ruedas, es combatir fuego con más fuego.
El video editado del presidente Andrés Manuel López Obrador se viralizó el pasado viernes a la velocidad del sonido. Las imágenes eran de una presunta escena que habría sido “borrada” de la entrevista que el mandatario le diera en días pasados a Epigmenio Ibarra. “Nosotros manejamos la opinión general, porque nosotros somos los que controlamos a los principales periódicos del país”. Una aseveración así, vista aislada, por supuesto que es escandalosa. Y los adversarios de la Cuarta Transformación se dieron gusto distribuyéndola como prueba del absolutismo del inquilino de Palacio Nacional. Pero no acababan de enfriarse los reenvíos, cuando apareció la auténtica versión con la respuesta completa. Y la historia era otra muy distinta. El presidente López Obrador se refería a una anécdota de los conservadores de la segunda mitad del Siglo Diecinueve, que le pidieron a Antonio López de Santa Ana su regreso a México, garantizándole que no se le atacaría porque ellos, los conservadores, presumían que controlaban todo lo que se decía en los periódicos. “Cuando querían que regresara Santa Ana a México, después del 47, después de que nos arrebataron más de la mitad de nuestro territorio… después de esa gran tragedia, los conservadores van a buscar a Santana… Venga no se preocupe, porque nosotros manejamos a la opinión general porque somos los que controlamos a los principales periódicos del país”. Lo que se asoma tras este burdo intento de desacreditar al inquilino de Palacio Nacional es el deseo de hacerlo aparecer como el dueño de los medios en México. Nada más falso. La opinión pública en México, en especial la de algunos periódicos, estaciones de radio y de televisión, están sometidas hoy a la presión de sus anunciantes, que son grandes corporaciones, muchas de las cuales se sienten afectadas en sus intereses por el gobierno de la Cuarta Transformación. Medios enteros de comunicación tienen rentada ya su línea editorial al mejor postor, dejando a un lado los principios periodísticos de objetividad, equilibrio informativo y ética. Algunos de sus mecenas ideológicos y publicitarios debieron doblar ya las manos ante el SAT. Grupo Carso, Walmart y Femsa –por citar tres casos- debieron pasar a liquidar adeudos fiscales que superaban los 25 mil millones de pesos. ¿Quién sigue de los 15 de la lista? Por supuesto que los medios de comunicación están en todo su derecho de publicar libremente. Al final del día sus audiencias decidirán si compran o no lo que publican o transmiten. Pero esa política editorial exacerbada, comprometida al extremo, solo viene a abonar más a la radicalización que se busca confrontar. Se está combatiendo fuego con más fuego. Por supuesto que el presidente López Obrador y el gobierno de la Cuarta Transformación tienen abundantes ejemplos de acciones de gobierno reprochables, contradictorias, inexplicables, absurdas, extremas, incluso pasando por encima del Estado de Derecho. Aquí las hemos denunciado cuando suceden. Pero usar el radicalismo y la manipulación abierta, descarada, para engañar a la opinión pública, sea por medios tradicionales o por redes sociales, solo viene a avivar el incendio político y social que acabará por desembocar en una confrontación en la que todos perderemos. Igual que lo que sucede con las protestas en automóvil que exigen que el presidente López Obrador deje la presidencia. ¡Mira que fácil y que sencillo! Por supuesto que también los protestantes sobre ruedas tienen todo el derecho de expresarse en libertad. Pero ¿de verdad creen que 40 caravanas de 100 a 500 automóviles, que no llevan en su interior más de 25 a 30 mil mexicanos pueden derrocar al gobierno? El presidente López Obrador ganó en julio del 2018 con 33 millones de votos. Si respetan el Estado de Derecho que tanto exigen, los que buscan que el mandatario abandone el Palacio Nacional tendrían que esperar a las urnas para votar por su salida. Y antes del 2024, aquellos que quieren verlo fuera de Palacio Nacional solo tienen dos caminos pacíficos. Uno, convencer al electorado en junio de 2021 de no votar por Morena, buscando que el partido del presidente pierda el control del Congreso. Y dos, esperar a la votación sobre la revocación de mandato que se dará antes de febrero del 2022, trabajando de aquí a entonces para convencer a las mayorías de que voten su salida de Palacio Nacional. Insistir en jugar al juego de los ataques sin sentido, con videos editados, falseados, y con marchas ciudadanas de claxons sobre ruedas, solo polarizará más a un gobierno y a un segmento de la sociedad que juntos, cada uno por su lado, construyen hoy aceleradamente su ruta directa a la barbarie.