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01 de Febrero del 2019

¿Quién quebró Pemex?

¿Qué fue lo que alarmó a los inversionistas extranjeros para la baja de la calificación crediticia de Pemex?
Vamos poniéndole el cascabel al gato en la baja de la calificación crediticia de Pemex, que coloca su enorme deuda en la antesala de ser un “bono chatarra”. Nada ingenuos, pero si con mucha mala entraña, los adversarios del presidente Andrés Manuel López Obrador quieren colgarle esa baja calificación al mal road show que dieron en Nueva York el equipo que fue a explicar el proyecto energético del actual gobierno. Falso. Una presentación, por mas mal hecha que se ejecute, está fincada en datos fríos. Y las cifras que vieron los tenedores de bonos de Pemex fueron no de frío, sino de escalofrío. Y esos números no se gestaron en los apenas 60 días del gobierno de la Cuarta Transformación. Lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue saber que en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la deuda de Pemex  creció más del 160 por ciento, al pasar de 786 mil millones de pesos a dos mil billones (miles de millones de millones) de pesos. Eso no es culpa del presidente López Obrador. Lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue saber que a pesar de todo el sobre-endeudamiento en los años de la dupla Videgaray-Lozoya, la producción de petróleo se desplomó a sus peores niveles desde 1980, alcanzando apenas 1.76 millones de barriles diarios, cuando en 2004 producíamos el doble, 3.38 millones de barriles diarios. ¿Con qué se pagará esa deuda? Eso no es culpa del presidente López Obrador. Lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue saber que la producción de las refinerías se desplomó en el sexenio en casi un 30 por ciento, con caídas de producción del 45 por ciento en la refinería de Madero, 34 por ciento en la de Minatitlán y 32 por ciento en la de Salina Cruz. Eso no es culpa del presidente López Obrador. Lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue asomarse a la producción nacional de combustibles, que de estar en 591 mil barriles diarios se desplomó a 190 mil barriles diarios, lo que nos tiene hoy importando de Estados Unidos, en dólares volátiles, el 70 por ciento de las gasolinas y el diesel que consumimos. Eso no es culpa del presidente López Obrador. Lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue enterarse que México está importando el 85 por ciento del gas natural y que de la demanda de ocho millones de pies cúbicos, Pemex apenas genera dos mil. Los 5 millones restantes los importa una mafia bien armada que opera entre Pemex y CFE. Eso no es culpa del presidente López Obrador. En pocas palabras, lo que alarmó a los inversionistas extranjeros fue ver que la deuda de Pemex creció un 250 por ciento mientras que la producción se desplomó a niveles nunca antes vistos. ¿a dónde se fueron todos esos miles de millones de millones de pesos? A eso, en cualquier empresa, se le llama quiebra. Hacer ahora una campaña bien orquestada, bien pagada en medios, entre políticos y empresarios radicales mexicanos y financieros extranjeros para hacernos creer que la gran debacle de Pemex es por una mala presentación financiera y por la batalla contra el huachicoleo, es infantil. Digámoslo con todas sus letras. Lo que buscan esos financieros, muy entendiblemente dada la quiebra técnica en que los anteriores gobiernos dejaron a Pemex, es elevar sus ganancias. ¿Alguien escuchó a alguna calificadora alzar antes la voz de alarma sobre la debacle de Pemex? Por eso buscan boicotear al gobierno de la Cuarta Transformación. Porque ya amenaza acabar con todo su bien armado saqueo con importaciones a precios de oro y préstamos irresponsables a lo que ya sabían estaba quebrado. Un robo abierto, en despoblado, que hizo multimillonarios a unos cuantos políticos y empresarios mexicanos, y a otros tantos empresarios petroleros y sus aliados financieros internacionales. ¿Les vamos a comprar la historia para perpetuar el saqueo? Califíquelo usted.