10 de agosto 2022

28 de octubre 2020

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El quiebre del Pacto

Los gobernadores se cansaron de pedirle al jefe de la Nación un diálogo necesario frente a la crisis.

Por Ramón Alberto Garza

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A falta de partidos políticos a la altura, de equilibrios políticos serios, un tercio de los gobernadores de México ya se instalaron como el frente de mayor contrapeso al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y sus posiciones para reclamar mejor trato fiscal, que hasta hace algunas semanas eran escuchadas como inofensivas amenazas, se vuelven una posibilidad real de quiebre en la Nación.

Los gobernadores se cansaron de pedirle al jefe de la Nación un diálogo necesario frente a la crisis. Y el presidente no se cansa de ignorarlos, de condenarlos, de despreciarlos y de atacarlos.

Y el lunes pasado los 10 mandatarios estatales que integran la llamada Alianza Federalista, organizaron pronunciamientos públicos similares para advertirle a la Federación que el tiempo de la ruptura se acerca.

Las voces de los gobernadores de Jalisco, Nuevo León, Coahuila y Chihuahua son las mismas que la de los mandatarios de Tamaulipas, Guanajuato, Michoacán, Durango, Colima y Aguascalientes.

Ya basta que la Federación abuse del Pacto Fiscal y despoje a los Estados de lo que legítimamente les corresponde.

Pero el presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en no abrir la mesa del diálogo para debatir el origen y el destino del presupuesto.

Amparado en su mayoría con Morena en el Congreso y en el Senado, se disponen de los recursos sin que medie negociación de por medio.

Para el sur todo, para el norte poco o nada.

Para el sur el Tren Maya, Dos Bocas, el Aeropuerto de Santa Lucía, el proyecto Transístmico, el tren México-Toluca, Sembrado Vida y los mayores beneficios de los programas asistenciales del Instituto del Bienestar.

Para el norte las confrontaciones por el agua, desde Chihuahua hasta Nuevo León y Tamaulipas, la cancelación de los parques de energías limpias o la suspensión de proyectos como Constellation Brands.

Pero lo más serio, lo más amenazante al gran Pacto Federal, es la inequidad fiscal entre los estados que producen mucho y los que producen poco. Y no es cuestión de recursos.

Los estados que más producen son los más inhóspitos, los que se instalaron en los desiertos como los de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León. Lo que menos producen son aquellos que tienen en abundancia el agua y los recursos naturales, como Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Guerrero.

Y si se tiene el privilegio de ser de los estados del centro, como la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos, Puebla, Hidalgo o incluso Veracruz, la cercanía geográfica con el poder central los consiente y los privilegia.

Solo para entender el tamaño del drama. Este año los recortes presupuestales de la Federación para Jalisco son de 9 mil 200 millones de pesos. Olviden cualquier obra pública menor; a ver si alcanza para el gasto corriente.

Pero esa es la historia de la mayoría de los Estados. De los que protestan instalados en la Alianza Federalista y también la de aquellos sofocados por el temeroso silencio en la Conferencia Nacional de Gobernadores.

El presidente López Obrador presume una y otra vez en La Mañanera que a pesar de la pandemia no existe caída en la recaudación fiscal. Pero los recortes a los presupuestos estatales y municipales es tan draconiana, que se desmiente por sí mismo.

El pretexto para no respetar los presupuestos es que para el mandatario todos los gobernadores son corruptos y se van a llevar el dinero a sus bolsillos.

Pero para eso existe la fiscalización, la rendición de cuentas, que sirven de muy poco cuando desde la Federación se le perdona la vida a saqueadores confesos con Jaime “El Bronco” Rodríguez, probado y sentenciado en tribunales de que utilizó recursos públicos para su fallida campaña presidencial.

De todos los frentes que tiene abiertos, que ya son demasiados, el inquilino de Palacio Nacional al que debe darle prioridad de solución es al del urgente clamor de los gobernadores que frente a la indiferencia amenazan con romper el Pacto Federal.

Medirá mal el presidente López Obrador sus consecuencias de corto plazo si se confía en que la de los gobernadores es una mera posición retórica.

En ese descuido, con olor a desaire, podría incubarse el principio de la gran revuelta nacional.

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