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08 de Octubre del 2018

¡Qué pena por Morena!

Ahora que Morena es el partido en poder, hay que voltear a ver a Nuevo León donde se pretende consumar un “golpe de Estado”
Si alguien quiere asomarse a los dolores de crecimiento de Morena, ahora que ya es partido en el poder, que voltee a Nuevo León. Un muy deseaseado “golpe de Estado” se pretende consumar desde el viernes pasado para desconocer a la diputada local Claudia Tapia Castelo como la coordinadora del Congreso en aquella entidad. Lo curioso es que los artífices de ese golpe no son morenistas. Son dos personajes con ligas tradicionales con el viejo PRI o con operadores tricolores, molestos porque quien lidera la bancada de Morena no aceptaba sus órdenes. La intención de Carlos Suárez y Rafael Zarazúa –autoproclamados “coordinadores” de Morena en Nuevo León abusando de u relación personal con Yeicokl Polevnsky- es que al mas puro estilo priista o panista, quieren que la bancada morenista se someta a “la línea” que ellos dictaran. Ninguno de los dos es militante de Morena, ni tienen nombramiento formal. Sus antecedentes vienen del priismo y bajo esas reglas –la de dar “línea”- pretenden operar amparados en la informalidad de decirse “asesores de la presidencia nacional de Morena”. El primer conflicto se dio cuando Claudia Tapia y la mayoría de la bancada morenista les rechazó aceptar la línea de votar a favor de la ratificación del Comisionado de Transparencia, Carlos Emilio Arenas Batiz. Volvió la confrontación cuando se le exigía a la coordinadora de Morena y a su bancada confirmar a Joaquín Ramírez al frente de la Comisión Estatal de Transparencia, una dependencia que califica 29 de 32 en el ranking nacional. Vergonzosos resultados. Ya el colmo fue que Claudia se reveló a que dos legisladoras intentaran disfrazar pagos extraordinarios a su favor, buscando colocar a algunos allegados como asesores dentro del Congreso local. Sin ninguna diplomacia institucional, Rafael Zarazúa –un antiguo y poco aseado operador priista- dijo que por órdenes de Carlos Suárez se operaba el “golpe de Estado”. Citó a los legisladores morenistas en una restaurante y los amenazó diciéndoles que sus carreras estaban terminadas si no aceptaban desconocer a Claudia. La orden era imponer como nuevo pastor al legislador “morenista” Ramiro González. Todavía para acelerar el golpe, se apersonaron el sábado ante las oficialías mayor y de partes del Congreso de Nuevo León donde en vano escandalizaron para que les recibieran el oficio que legitimara el “golpe de Estado”. Será hasta hoy lunes cuando intentarán consumarlo oficialmente. Lo lamentable que aflora en todo esto es que una líder respetable y con tantos méritos de campaña como Yeickol Polevsnky, no dé la cara para operar lo necesario, de manera institucional. Peor aún, que se utilicen advenedizos que se sumaron ya pasada la elección, para que se ostenten con patente de corzo y negociar, con quien ellos decidan, el voto en bloque de Morena. ¿Dónde queda la pregonada honestidad valiente? Si lo que quisieron en su momento fue utilizar a jóvenes rostros como los de Claudia Tapia o Arturo de la Garza para darle nuevos aires a Morena en Nuevo León, lo lograron. Avanzaron. Si hoy lo que buscan es volver a las viejas prácticas priistas, operadas por viejos priistas, para obligar a la bancada de Morena a votar con línea, en bloque, sin conciencia, se están equivocando. Si hoy se consuma el “golpe de Estado”, sin que la presidenta nacional de Morena intervenga, el precedente para el partido será desastroso. Nuevo León dará el mal ejemplo de que con Morena los intereses y los dineros se ratifican como los dueños y señores de la política. Y si eso se confirma, la Cuarta Transformación nacería traicionada.