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25 de Noviembre del 2019

Puertos a la Marina

El presidente Andrés Manuel López Obrador estaría listo para hacer otra concesión a las Fuerzas Armadas: ceder el control administrativo de los puertos comerciales a la Marina. La decisión se habría promovido desde Washington.
Uno de los cuestionamientos más recurrentes sobre el gobierno de la Cuarta Transformación es su proclividad por empoderar a las fuerzas armadas. Se entiende que por ser dos de las instituciones más respetables entre los mexicanos, el presidente Andrés Manuel López Obrador intente respaldarse en la confianza que le dispensan la Secretaría de la Defensa y la Secretaría de Marina. Pero las tareas de las fuerzas armadas ya son lo suficientemente grandes como para endosarles nuevas responsabilidades, que no están en su círculo de control. Todavía se cuestiona la asignación para construir el nuevo aeropuerto de Santa Lucía y el control de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa, cuando viene en camino otra propuesta que generará amplia controversia. La idea es entregarle a la Secretaría de Marina el control absoluto de los puertos mexicanos y la operación de la Marina Mercante. Como si vigilar las costas mexicanas para impedir el tráfico de drogas, el asalto a las plataformas petroleras, el tráfico de migrantes por mar o el contrabando de mercancías, a los marinos se les quiere endosar todo el control de las exportaciones e importaciones por la ruta marítima. Actualmente la Coordinación General de Puertos y Marina Mercante es una dependencia que le rinde cuentas a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Después de todo, el movimiento marítimo de mercancías tiene que ver precisamente con su transporte, y constituye en sí mismo un sistema de comunicaciones. Alguien dentro del gabinete de la Cuarta Transformación alertó al presidente López Obrador que los puertos mexicanos están fuera de control y que son un nido de corrupción que de investigarse a fondo darían lugar a enormes escándalos. Si a las actividades naturales de la Marina Mercante se le suma el de las aduanas en esos mismos puertos, responsables de verificar que lo que entra y lo que sale tiene los pedimentos y los permisos necesarios, el quéhacer de la Marina Mercante se complica. Pero una cosa es pedir que la Secretaría de Marina refuerce la vigilancia sobre las aduanas portuarias y otra muy distinta que asuma el control absoluto de los puertos y de cualquier mercancía que por ellos se maneje. Algunos ubican la propuesta presidencial para ceder a la Marina el control de los puertos a las presiones que vienen desde los Estados Unidos. Son las presiones que alertan sobre el uso de los puertos mexicanos como trampolín para miles de millones de dólares de mercancías de origen asiático, en particular de China, y que pasan por México para ser reetiquetadas y luego introducidas como legales a los Estados Unidos. Pero sin duda la mayor preocupación es que está comprobado que puertos como Lázaro Cárdenas y Manzanillo, por citar solo dos, están convertidos en centros de acopio de precursores para fabricar la droga de moda y que más norteamericanos está matando cada año: el fentanilo. La exigencia del gobierno norteamericano es que el gobierno mexicano asuma una mano más dura sobre lo que hoy se ven como territorios bajo el control del crimen organizado. Y la respuesta más sencilla que se ocurre es cederle todo a la Marina, por ser la institución más respetada por los servicios militares y de inteligencia de los Estados Unidos. Desde el sector privado se levantan ya las voces de alerta sobre lo que significaría que una actividad de la que dependen tantas corporaciones para exportar sus mercancías o importar sus insumos, acabe en manos sin la experiencia inmediata para hacerle frente al reto. Quizá el presidente López Obrador y su gabinete deberían consensar más con los usuarios de los puertos lo que podría ser una solución mas justa, integral y de largo plazo. Insistir en militarizar todo aquello que no funciona puede acabar por instalar un gobierno con unas fuerzas armadas operando más allá de lo que es una frontera razonable. Piénselo dos veces antes de hacerse a la mar.