FACEBOOK

VISTAS
27 de Junio del 2018

Pro-López Vs. Anti-López

Después de tres meses de jaloneos entre candidatos, la disputa electoral es entre dos candidatos. En una esquina el partido de los lopezobradoristas y en la otra la de los anti-lopezobradoristas
Hoy se cierran oficialmente las campañas presidenciales. De la media noche de hoy y hasta el domingo, todo es ayuno de spots, encuestas, declaraciones o proselitismo abierto. Lo hecho, hecho está. Lo que se concluye después de tres meses de jaloneos entre los candidatos es que aunque en la boleta aparezcan cuatro candidatos elegibles, la disputa es entre dos. En una esquina, el partido de los lopezobradoristas y en la otra la de los anti-lopezobradoristas. A eso se resume la contienda presidencial. No es un asunto de partidos, desdibujados desde que las tres principales fuerzas políticas se presentan sin sus siglas, como alianzas que esconden el pedigree original. Esos bloques electorales, con los que se pretende ocultar quienes son de verdad, vienen bautizados como Juntos Haremos Historia, Por México al Frente y Todos por México. Pero el 90 por ciento de los mexicanos no pueden distinguir en cual de los bloques milita el candidato por el que van a votar. Su memoria solo reconoce a los lopezobradoristas y a los antilopezobradoristas. Por eso la gran disputa en las campañas siempre fue quien era el segundo lugar. Anaya o Meade, Meade o Anaya. Porque todos sabían que al final del día la auténtica disputa sería entre el puntero, “ya saben quien”, y el que se colara como segundo en discordia. La tesis original de que veríamos una elección de tercios, entre tres rivales uno muy cerca del otro, se diluyó. Y esa estrategia no se pudo sostener. Pero a pesar de que veían el avance del candidato de Morena, ni los priistas ni los panistas fueron capaces de articular el frente necesario que les diera, juntos, la posibilidad de concentrar en una sola opción el antilopezobradorismo. Y frente al fracaso de crear ese bloque que defendiera las causas del establishment, del continuismo político y económico, los discursos del antilopezobradorismo se reacomodan. Que si no hay que creer en las encuestas, véanse en el espejo de España, el Brexit, Colombia o la elección de Trump. Ninguna acertó. ¿Por qué México sería la excepción? Que si por su exceso de confianza los lopezobradoristas no van a acudir masivamente a las urnas y eso podría gestar una sorpresa. Que si la elección se definirá por quién tenga la mejor estrategia a ras de suelo el día de la elección, como sucedió con la victoria de El Bronco independiente en Nuevo León sobre el PRIAN o con la de Alfredo del Mazo en el Estado de México sobre Morena. Que si el lopezobradorismo no va a tener los suficientes funcionarios para vigilar su voto en las casillas o que si ya existe todo un operativo para “comprar” a sus representantes. La lista de nuevos argumentos para justificar que “ya saben quien” no será el próximo presidente de México es tan extensa, como largas son las posibilidades de que gane en las urnas el próximo domingo. Por supuesto que cuatro días para el día de la elección son demasiados. Y en 96 horas puede suceder todo o nada. Pregúntele al presidente español del Partido Popular, José María Aznar, a quien tres días antes de la elección del 2004 padeció el acto terrorista de la estación de Atocha. Su candidato Mariano Rajoy, del PP, perdió por menos de cinco puntos frente, José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato del PSOE. Y al final del día, no olviden que, aunque estemos en medio del Mundial Rusia 2018, la política se parece más al béisbol. Nada está escrito, para nadie, hasta que cae el último out.