FACEBOOK

VISTAS
22 de Enero del 2020

Petróleo: focos rojos

Acaban de anunciar ayer el cierre de la producción petrolera en 2019. Apenas alcanzó los 1.67 millones de barriles diarios, un 7.9 por ciento menos que en 2018. Visto en frío, los detractores de la Cuarta Transformación dirán que al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se le desplomó la producción de crudo. Como si la extracción de crudo hubiera empezado el año pasado. En perspectiva, sin embargo, cumplimos 15 años de caídas consecutivas. Desde el 2004 en que se extrajeron 3.38 millones de barriles diarios contra los 1.67 millones que producimos hoy. En pocas palabras, durante los últimos dos años de Vicente Fox, los seis de Felipe Calderón y los seis de Enrique Peña Nieto, la producción de petróleo viene en caída libre. En esos tres sexenios el PRIAN acumuló un desplome no del 7 por ciento, sino del 43 por ciento. Lo que hoy producimos es apenas la mitad de lo que extraíamos en el 2004. Está más que claro que desde el sexenio de José López Portillo, cuando se descubrió Cantarell, ese yacimiento se convirtió en la mina de oro de la producción petrolera nacional. Desde 1979 y hasta el 2004 México vivió el boom petrolero. Pero el cuete le tronó en las manos a los dos gobiernos panistas y al último priista. Y a pesar de que en el sexenio de Felipe Calderón -y todavía en el arranque del de Peña Nieto- se vivió una jauja de precios del crudo, por encima de los 100 dólares el barril, poco o nada se hizo para recuperar la exploración y explotación. Ni en aguas someras ni en aguas profundas. Mucho menos en reducir la escandalosa deuda. Los sexenios de Calderón y Peña Nieto fueron de un derroche sin precedente en PEMEX. A pesar de los elevados ingresos petroleros ni la capacidad de exploración, ni la de extracción como tampoco la de refinación crecieron. Por el contrario, se desplomaron. Oro Negro, Oceanografía, Transportaciones Marítimas Mexicanas y Temasek son, entre otros, plataformas y buques insignia del corrupto naufragio petrolero. En los sexenios de Peña Nieto y Calderón la extracción de crudo cayó a la mitad, al pasar de 3.2 a 1.8 millones de barriles diarios. Y la refinación se desplomó de 591 mil a 190 mil barriles diarios en la producción de gasolinas. Hoy importamos el 70 por ciento de los combustibles. En contraparte, lejos de usar esos miles de millones de dólares de precios extraordinarios del crudo para pagar la exorbitante deuda de Pemex, esos mismos gobiernos de Calderón y Peña Nieto apalancaron todavía más a la paraestatal. Calderón recibió una deuda de Pemex de 46 mil millones de dólares y la subió a 60 mil millones, a pesar de vender el barril de petróleo a precios históricos; Peña Nieto se fue de 60 mil millones a 106 mil millones de dólares gracias al dispendio y a la corrupción operada desde la dupla Videgaray-Lozoya. ¿Cómo explicarle a los mexicanos que la deuda de Pemex se haya elevado en 130 por ciento en 12 años, mientras que la producción de crudo se haya desplomado 50 por ciento y la de refinación esté apenas al 30 por ciento? Por eso hay que tener cuidado a la hora de repartir culpas. Porque lo que se cosechó en el primer año del gobierno de la Cuarta Transformación todavía califica como herencia por inercia. La pregunta de fondo hoy es si Rocío Nahle, como Secretaría de Energía, y Octavio Romero, como director de Pemex, son los talentos a la altura de lo que exige Pemex para salir de la espiral decadente. El presidente López Obrador debe de responder a esa pregunta. Y en caso negativo buscar personajes de estatura internacional que le puedan enmendar urgentemente la plana. Ya estamos por cerrar el primer mes del 2020 y todavía no tenemos un Plan Nacional de Energía. Y a 13 meses de iniciado el nuevo gobierno, todavía se discute si se acepta o no nueva inversión extranjera en el sector energético. Absurdo. Y mientras tanto esas incapacidades y grillas internas consumen tiempo valioso para impedir que Pemex no caiga en la inevitable quiebra.