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26 de Febrero del 2019

Pesos y contrapesos

Se dio a conocer la lista de un puñado de políticos, empresarios e intelectuales que busca generar contrapesos al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero, reconociendo que, en la libertad de la que gozamos, están en todo su derecho de asumirse como contrapesos, sería bueno que recordaran que esa concentración de poder a la que se resisten es producto del voto libre emitido el pasado primero de julio
La polarización política de México está subiendo de nivel. Las ligas de la tolerancia se están tensando y hay quienes apuestan a reventarlas. Y eso sería terrible para nuestro país. En ese marco se inscribe el sorpresivo anuncio de un puñado de políticos, empresarios e intelectuales que anunciaron hace unos días la creación de una iniciativa que busca generar contrapesos al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo a sus presuntos integrantes, lo que intentan es poner límites, equilibrar y acabar con la concentración excesiva de poder que, dicen, como nunca antes recae en una persona. Los nombres que aparecieron en la lista original dada por el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, incluía al también gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro y otros políticos como Luis Donaldo Colosio Riojas, Emilio Álvarez Icaza, Salomón Chertorivsky, Martha Tagle y Cecilia Soto. Se anunciaron como integrantes de este grupo a los empresarios Gustavo de Hoyos y a José Luis “Chacho” Barraza, al igual que los intelectuales Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín y Juan Villoro. Apenas se conocieron los nombres, el mandatario jaliciense Enrique Alfaro, el empresario Gustavo de Hoyos y los escritores Juan Villoro y Héctort Aguilar Camín acotaron su inclusión o de plano se deslindaron. O no los consultaron, o cuando vieron que les dijeron una cosa y anunciaron otra, mejor se bajaron o clarificaron su inclusión. Y no era para menos. No es lo mismo integrar un grupo que se anuncie para apoyar al presidente y a su nuevo gobierno con ideas para construir un México mejor, que asumirse como contrapeso, como contracorriente, para parar los excesos de quien dice concentra tanto poder. Eso, del lado que se le vea, es instalar una resistencia. Reconociendo que, en la libertad de la que gozamos, están en todo su derecho de asumirse como contrapesos todos los que sobrevivan a ese grupo, sería bueno que recordaran que esa concentración de poder no es producto de un golpe de Estado, sino del voto libre emitido el pasado primero de julio. Es un poder ganado, no arrebatado. Mas aún, olvidaron los de la resistencia que por el candidato López Obrador votaron 33 millones de mexicanos, una cifra récord de sufragios que supera por millones a cualquiera de sus antecesores. Con esa votación, el candidato López Obrador superó el 50 por ciento del total de votos emitidos. Y desde que fue electo hasta la fecha, ese 50 por ciento creció hasta alcanzar un 85 por ciento de aprobación en las mas recientes encuestas. Es decir, 35 por ciento de quienes no votaron por él, están convencidos de que a pesar de los sobresaltos del arranque de su gobierno, el presidente López Obrador está en el camino correcto. Mas aún, si de verdad ese poder no exhibiera contrapesos, ¿cómo explicar la reciente aprobación de una Guardia Nacional de corte civil que se gestó a contracorriente de la militarizada que proponía originalmente el inquilino de Palacio Nacional? ¿Acaso no fueron los partidos de oposición y algunas figuras morenistas las que acabaron por convencer a la mayoría de enmendar la original propuesta presidencial para mantener a la policía nacional bajo el mando civil? Esos son contrapesos. Lo que se asoma detrás de esta intentona que debutó fallidamente con cuatro deslindes de supuestos integrantes, es que hay quienes no encuentran acomodo a sus intereses o deseos dentro de la llamada Cuarta Transformación. Y buscan desde la resistencia crear una oposición que hoy no sienten que sea efectiva ni desde el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano, el PRD, el Partido Verde, Panal o el PES. Pero eso se tiene que ganar en los hechos, con acciones que culminen en un movimiento democrático que vea su expresión legal en las urnas, no con personajes auto designados por ellos mismos como contrapesos y equilibristas. Súmense desde los partidos que los llevaron al poder, no los desconozcan. O funden un nuevo partido para que se ganen un rostro propio. Con propuestas que descansen en lo propositivo que quieren construir, no en la crítica a lo que intentan acotar.