1 de diciembre 2021

8 de noviembre 2021

¡Que alguien me explique!

Pervirtiendo al soldado Ryan

Después de todas las concesiones otorgadas a los hombres y mujeres del uniforme verde olivo, la única que le falta es la de cederles la silla presidencial para garantizar con ello que su proyecto de la 4T será defendido a punta de bayonetas

Por Ramón Alberto Garza

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Lo único que le falta al presidente Andrés Manuel López Obrador es que incluya en la lista de precandidatos presidenciables de Morena para el 2024 a un General de Cuatro Estrellas.

Después de todas las concesiones otorgadas a los hombres y mujeres del uniforme verde olivo, la única que le falta es la de cederles la silla presidencial para garantizar con ello que su proyecto de la Cuarta Transformación será defendido a punta de bayonetas.

La última y muy amenazante puntada -porque no se le puede llamar de otra manera- que se aventó el inquilino de Palacio Nacional en La Mañanera del pasado jueves, es el anuncio que creará una empresa militar a la cual le otorgará, no solo la construcción, sino la operación de la mayoría de sus obras insignia de su sexenio. Con excepción de Dos Bocas.

En esa empresa pintada de verde olivo se incluirían el Tren Maya, el Aeropuerto Felipe Ángeles, los nuevos aeropuertos de Palenque, Chetumal y Tulum, el estratégico Corredor Interoceánico y el manejo de los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz.

Bajo ese amenazante paraguas de cuatro estrellas será difícil cuestionarle a las secretarías de la Defensa y de la Marina si existieron o no licitaciones, costos reales de las obras, fallas, desfalcos, malos manejos de operación. ¿Alguien pondría su pecho para reclamarle a los militares?

Pero el presidente López Obrador esgrime falsos motivos para justificar su cruzada militar. Dice que el solo uniforme verde olivo garantiza la buena administración de esas operaciones.

“Nos garantiza también buena administración y nos garantiza seguridad en todo lo es que el Sureste, el Istmo y el Sureste, tanto con Marina como con la Sedena”.

Sin pasar siquiera por un obligado debate público, mucho menos por la aprobación del Congreso que es el responsable de autorizar los presupuestos y su destino, el mandatario ya repartió utilidades.

Dijo que de las ganancias de esa empresa verde olivo, el 75 por ciento será para pagar pensiones de las Fuerzas Armadas y el 25 por ciento para cubrir pensiones de los trabajadores al servicio del Estado. ¿Las decreta sin consultar? Y el Congreso… pintado.

El mandatario asume también -absurda y torpemente- que si los militares manejan esas y otras obras insignia no existirán tentaciones de futuros gobiernos para privatizar ni el tren, ni los aeropuertos, ni el corredor interoceánico, ni los puertos. Más lo que se le vaya ocurriendo en las próximas Mañaneras.

Eso significa que, abierta y peligrosamente -sin pudor  alguno- el mandatario está militarizando la construcción y la administración de grandes obras, desplazando a la sociedad civil de lo que por conocimiento y capacidades le correspondería.

Es vergonzoso que el presidente López Obrador se haya apertrechado detrás de los uniformes de la Defensa Nacional y de la Marina buscando defender a punta de bayonetas su proyecto. Eso es cobarde e irresponsable.

Muy lamentable que, sin remordimiento alguno, el mandatario -que como candidato prometió regresar al Ejército a los cuarteles– haya acabado pervirtiendo abiertamente a las Fuerzas Armadas con toneladas de multimillonarios contratos civiles, ajenos a su esencia.

Eso sin duda abrirá la puerta para que los militares y los marinos se alejen de sus tareas fundamentales de seguridad nacional -que buena falta hacen- y se acerquen a las tentaciones de la corrupción por el manejo de tan jugosos presupuestos públicos.

Falso, como lo afirma el inquilino de Palacio Nacional, que por ser militares o marinos existirá la supuesta garantía de que no habrá tentaciones de entrar al juego de la corrupción o de que todo lo que se maneje será pulcro, diáfano y transparente. La carne, aún maquillada con el verde olivo, es débil.

Con o sin uniforme, las tentaciones son las mismas en la danza de los miles de millones de pesos provenientes de fondos públicos cuando son operados por civiles.

En un descuido, y escudados al amparo de las armas, la sensación de intocabilidad será inevitable.

¿Quién se atreverá a exigirles cuentas? ¿Quién cuestionará la calidad de esas obras? ¿Alguien osará poner en duda el modus operandi a una institución que históricamente se siente intocable?

Entraremos en la perversa dinámica de militarización de amplias zonas que antes eran territorio civil, para acabar con un gobierno militar como los de Paquistán, Egipto o Turquía. ¿De verdad es eso lo que busca el presidente que algún día se dijo demócrata y que apunta que va a heredar una República militarizada?

Si lo que busca el presidente López Obrador es quién le defienda incondicionalmente su ya muy cuestionado proyecto, que lo diga. Pero esa defensa, sin duda, alejará a México de la democracia y la acercará a tentaciones que “los de antes” nunca exhibieron.

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