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10 de Octubre del 2019

Peralta, por la libre

El subsecretario de Gobernación ha tomado decisiones, una y otra vez, que dañan el prestigio de Bucareli y que complican a la 4T.
Vea con cuidado esta imagen. Podría pasar como un garabato hecho por un niño de dos años sobre alguna hoja de papel. Nada de eso.    Se trata de la firma de Ricardo Peralta Saucedo, el controvertido subsecretario de Gobernación que no deja de estar en el ojo del huracán de algunas de las mayores controversias desatadas dentro del Gobierno de la Cuarta Transformación.   Si algún grafólogo estudia ese firma, sin duda encontrará los rasgos que explican el comportamiento errático de quien, un día sí y otro también, asume decisiones muy cuestionables.   Decisiones que lesionan la excelente imagen y el enorme prestigio que tiene su jefa, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y por supuesto no le ayudan al presidente Andrés Manuel López Obrador.   Peralta Saucedo debutó en el nuevo gobierno como director general de Aduanas. Y desde el primer día entró en abierto conflicto con su jefa oficial, Margarita Ríos Fajart, directora del SAT.   Siempre se mostró autónomo, decidía sin consultar, operaba al borde del precipicio en la designación de los administradores de las aduanas, hasta que el conflicto de Manzanillo lo alcanzó. No existió mas remedio que removerlo.   Pero en su breve paso por Aduanas, Peralta Saucedo creó una red de intereses que le rindieron frutos en Baja California, con las aduanas de Tijuana y Mexicali.   Ahí encontró las condiciones necesarias para instalarse como padrino del candidato morenista Jaime Bonilla, quien ganó la elección para gobernador por dos años. Pero eso no les pareció suficiente.   Con apoyos de las aduanas bajacalifornianas, a Peralta Saucedo se le endosa la autoría intelectual y material del adefesio antidemocrático en que se convirtió la Ley Bonilla.   Fue él, entre otros, quien “convenció” a los diputados locales no morenistas de regalarle tres años más al gobernador electo por dos años. Qué generosa Oposición.   El escándalo estalló, el presidente López Obrador se desmarcó, la presidenta de Morena desoyó la voz de Palacio Nacional y los tribunales judiciales se encargaron de poner las cosas en su lugar. Marcha atrás; se gobernará los dos años para los que fue electo. Desgaste innecesario.   Peralta Saucedo fue entonces removido de Aduanas solo para reinstalarse en Bucareli, donde tras la salida del joven y eficiente Zoé Robledo, la secretaria Sánchez Cordero le abrió las puertas para la reivindicación. Pero se ve que no aprendió la lección.   Sin consultar, volvió a irse por la libre. Negoció con las llamadas autodefensas -las de Michoacán y las de Tamaulipas- solo para ser frenado muy oportunamente por una declaración mañanera del presidente López Obrador.   El mandatario descalificó esas negociaciones, pero el inquieto subsecretario insistió en sentarse a la mesa con los marginales a las instituciones.   Vino otra operación sin consultar. Ni con su jefa, ni con el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, mucho menos con el inquilino de Palacio Nacional.    Se sentó a la mesa con Víctor Flores, el impresentable líder de lo que queda de los ferrocarrileros, para prometerle cubrir las millonarias liquidaciones que exigían sus agremiados. El presidente López Obrador se indignó. Herrera puso el grito en el cielo y Sánchez Cordero se vio obligada a ponerle –una vez más- el alto.   Y en sus últimas negociaciones, tan extrañas como su firma, el subsecretario Peralta volvió a desafiar las leyes de la gravedad política.   Fuera por petición federal o de motu propio, Peralta Saucedo acabó esta semana en las mesas de negociación de dos asuntos estrictamente locales.    Uno, el de los taxistas de la Ciudad de México y otro, el de los normalistas vándalos que secuestraron 92 camiones en el Estado de México. Y en ninguno salió bien librado.   Las negociaciones, que deberían correr a cargo del gobierno de la Ciudad de México –Claudia Sheinbaum- y por el gobierno del Estado de México –Alfredo del Mazo- terminaron operadas por el subsecretario, quien premió la conducta ilegal, de taxistas y normalistas.   Por eso decimos que hay que analizar de cerca ese firma que va y viene sin principio ni final.    Quizá ahí encontremos la respuesta del por qué desde una subsecretaría tan estratégica como la de Gobernación, se está premiando la ilegalidad, la violencia y la anarquía como exitosas fórmulas para conseguir lo que se busca con el gobierno de la Cuarta Transformación.