FACEBOOK

VISTAS
29 de Marzo del 2019

Penales Broncos

Con cinco motines registrados, algunos de ellos con saldo rojo, los penales de Nuevo León estaban convertidos en un polvorín a punto de estallar
Por fin un gobierno estatal se decidió a dar el paso adelante para meter en cintura esos nidos criminales desde donde se opera el crimen organizado, mal llamados centros de reinserción social. La mega sacudida a los cuatro penales de Nuevo León le pintó por fin una estrellita sobre la frente al muy debilitado  Jaime “El Bronco” Rodríguez Calderón. Más de 500 reos fueron reubicados en penitenciarías de Coahuila y Morelos para darle un respiro a las sobrepobladas cárceles nuevoleonesas, que solo en el actual sexenio ya registraban cinco motines, algunos con saldo rojo. Los penales de Nuevo León estaban convertidos en un polvorín a punto de estallar y de volver a causar una crisis humanitaria. Pero por fortuna tanto el gobernador, como su secretario de Gobierno, Manuel González, y su secretario de Seguridad, Aldo Fasci, tomaron el toro por los cuernos. Y para buscar arrancar el problema de raíz acudieron a Eduardo Guerrero, el mítico experto en seguridad penitenciaria quien en el 2011 hizo la hazaña de transformar el penal de Ciudad Juárez, calificado entonces como el mas inseguro de América Latina, en el más seguro y confiable. Tanto, que en la visita del Papa Francisco a México ese penal  otrora vergüenza internacional fue elegido como uno de los lugares en donde el Sumo Pontífice fue a reconfortar a los sin libertad. La sacudida a los penales de Nuevo León exigió tres meses de cuidadosos y sigilosos planes. Y por supuesto que al ejecutarse no estuvieron exentos de violencia, enfrentamientos de reos que se resistían a ser sometidos al orden e incluso el saldo trágico de algunos heridos y un reo muerto por infarto. Pero al final lo que parecía imposible, el traslado de 500 reos –muchos de ellos jefes y operadores de los más despiadados cárteles de la droga en México– se consumó con éxito. A nadie escapa que en nuestro país los llamados centros de readaptación social son todo, menos eso. Pueden llamarlas escuelas del crimen o corporativos desde donde despachan con todas las comodidades los capos y criminales mas sanguinarios. Y salvo honrosas excepciones, la mayoría de los penales en México están fuera de control. Su gobierno no está en manos de la autoridad, ni federal ni estatal, sino de los poderosos criminales ahí recluidos que compran voluntades de directores, administradores y celadores que son sometidos a la máxima de “cooperas o cuello”. Adentro de lo que debía ser un orden franciscano, todo está en subasta. Se venden derechos para introducir droga, armas, celulares, televisores, computadoras, comida especial y sexoservidoras. Algunas celdas son transformadas por la magia del soborno en suites con todos los lujos. Por ello frente a un sistema penitenciario nacional en crisis, el ejemplo de Nuevo León debe ser tomado en cuenta para demostrar que si hay voluntad política, aun después de reiteradas crisis, se puede sacudir el avispero y poner el panal en orden. Como ya lo hizo antes Eduardo Guerrero en Ciudad Juárez. Como ya lo volvió a hacer con los tres penales de Nuevo León.