18 de enero 2022

28 de septiembre 2021

¡Que alguien me explique!

Pemex-grande

Superada por el momento con un rescate de política de contención de daños y de pruebas de estrés del gobierno chino, la crisis de Evergrande palidece frente a lo que significaría el potencial colapso de la petrolera más endeudada del mundo: Pemex

Por Ramón Alberto Garza

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El sistema financiero global se sacudió la semana pasada con la crisis de Evergrande, la mayor inmobiliaria china que se colocó en la antesala de colapsar.

Los mercados temblaron y la Bolsa china cayó hasta 12 por ciento en un solo día, ante la posibilidad de que el gigante de la construcción incumpliera el pago de un tramo de sus 300 mil millones de dólares de adeudos.

Solo para medir el tamaño del terremoto económico, analistas advierten que las consecuencias de un default serían tan grandes como las de la debacle del mercado hipotecario estadounidense que en septiembre del 2008 llevó a la quiebra a Lehman Brothers, provocando la última gran crisis financiera global.

Superada por el momento con un rescate de política de contención de daños y de pruebas de estrés del gobierno chino, la crisis de Evergrande palidece frente a lo que significaría el potencial colapso de la petrolera más endeudada del mundo: Pemex.

Pero para entenderlo a fondo, dimensionemos el tamaño de lo que sería una crisis en la paraestatal energética mexicana.

La deuda financiera de Pemex al día de hoy es de 116 mil 800 millones de dólares, lo que la convierte no solo en la petrolera más endeudada, sino en una de las cinco corporaciones con más pasivos de largo plazo en el planeta, de acuerdo con información de Statista.

Peor aún, si se toman en cuenta los pasivos laborales, Pemex califica como la segunda corporación más endeudada del mundo, con 189 mil millones de dólares.

La tabla de posiciones incluye a compañías como AT&T, Ford, Verizon, Comcast y, por supuesto Evergrande. Solo hay otra petrolera en la lista que se le acerca, Saudi-Aramco.

Con la diferencia que, de esta lista, la menos productiva, con pérdidas crecientes cada año, es Pemex.

Dirán que los 116 mil 800 millones de dólares de deuda de Pemex es apenas el 40 por ciento de los 300 mil millones que debe la inmobiliaria china Evergrande. Y en términos absolutos tendrían razón.

Pero considerando que el tamaño de la economía de China es de 14.34 billones de dólares y la de México es de un billón 269 mil millones de dólares (Banco Mundial, 2019), el colapso de Evergrande se llevaría de encuentro el 2.1 por ciento del PIB de China, mientras que Pemex arrastraría el 10 por ciento del PIB de México.

Para ser más claros, si los pasivos de Evergrande se dividen  entre los mil 400 millones de chinos, significaría una deuda per cápita de 214 dólares.

La deuda de Pemex, dividida entre los 128 millones de mexicanos alcanzaría los 919 dólares por cada mexicano, más de cuatro veces que la deuda per cápita de Evergrande.

Por eso las expectativas de los mercados financieros internacionales ven, quizás, con mayor preocupación lo que el gobierno de la Cuarta Transformación hará con el futuro de Pemex.

Sobre todo, ahora que Rogelio Ramírez de la O, un economista muy respetado por la comunidad financiera nacional e internacional, trazará desde la Secretaría de Hacienda la ruta del rescate de una paraestatal que de facto está en quiebra.

Vendrá, por supuesto, un plan de contingencia para hacerle frente a los enormes e impagables pasivos en el corto y mediano plazo. Y ni qué decir de los pasivos laborales.

Pero también tendría que darse una reingeniería, no solo financiera, sino gerencial para reemplazar al bloque que encabeza el director general Octavio Romero Oropeza.

Un agrónomo de profesión, que lo único petrolero que tiene en su currículum es haber acompañado al actual presidente en la toma de pozos en Tabasco en 1996, no es ni remotamente la salida para una modernización de la quebrada paraestatal.

Sobre todo, cuando esa hidra tiene otras problemáticas cabezas, como la de Rocío Nahle, quien desde el proyecto insignia de Dos Bocas intenta asumir el control absoluto de un golpeado sector energético.

El secretario Ramírez de la O tiene que darle prioridad a Pemex, porque si no se atiende en tiempo y en forma puede ser la gran pesadilla, el Pemex-grande al cierre del gobierno de la Cuarta Transformación.

Por cierto, ¿qué hay de Emilio Lozoya y de su vergonzoso caso de corrupción, que pasa por duplicar el endeudamiento de Pemex en el sexenio de Enrique Peña Nieto? ¿Lo seguimos cuidando en casa?

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