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15 de Febrero del 2019

¿Papi-chulos en la 4T?

Lo que les acaba de suceder en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), no son simples resbalones. Son dos descalabros con cuatro insultos a la nación
Ni el presidente Andrés Manuel López Obrador, ni el gabinete del nuevo gobierno de la Cuarta Transformación deben de dormirse en sus laureles de los apoyos populares del 85 por ciento. Lo que les acaba de suceder en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), no son simples resbalones. Son dos descalabros con cuatro insultos a la nación. En el Conacyt su directora, la bióloga María Elena Álvarez Buylla Roces, faltó seriamente a su buen juicio o privilegió el amiguismo al designar a una diseñadora de modas como subsecretaria de Asuntos de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. Y cuando se propagó el nombramiento de Edith Arrieta Márquez, vino el alud de cuestionamientos sobre su elegibilidad. Tanto que en conferencia mañanera, el presidente dijo que si lo que se decía era cierto, se le daría de baja. Y así sucedió. Pero en el mismo Conacyt, la misma directora, designó a David Alexir Ledesma como Subdirector de Prensa, un joven que sin recato muestra en redes sociales sus atributos físicos como si se tratara de un “papito chulo”. Aunque Ledesma también renunció, ambos nombramientos provocaron la indignación de la comunidad científica y de algunos de los secretarios del gobierno de la 4T. Pero todavía no se enfriaban los escándalos del Conacyt y en la Comisión Reguladora de Energía se abrían otros dos vergonzosos expedientes. El presidente López Obrador enviaba entre cuatro aspirantes a consejeros del organismo que define las estrategias energéticas, a dos neófitos incalificables e impresentables, por decir lo menos. Uno, fue Ángel Carrizales, un joven ingeniero cuyo más reciente cargo fue el de estar dentro del séquito de los siete custodios de la seguridad presidencial. Sus funciones se concretaban a preparar las giras ¿Qué experiencia tiene en definir estrategias de energía? ¿O sería que alguien por ahí dijo que ese muchacho tenía “mucha energía”? El otro es Jorge Amaya Mendívil, otro recomendado del gobierno de la 4T para ser sometido al visto bueno del Senado. En la primera cuadra el potrillo se dobló. La senadora Xóchitl Gálvez se encargo de exhibir la ignorancia de este candidato, cuando le preguntó que significaban las siglas C.E.L. que distinguen un Certificado de Energía Limpia. En su novatez, Amaya Mendívil solo alcanzó a deslizar su celular desde abajo de la mesa, para exhibirlo ante los senadores y decir que CEL significaba teléfono celular. Si fue broma, pésima; si fue ignorancia, peor. Si se considera que la CRE es la responsable de impulsar las reglas del sector energético, poco respeto muestra el presidente López Obrador en postular a dos elementos que carecen de la mínima calificación. Si a ello se le suma que el mismo inquilino de Palacio Nacional no solo minimizó, sino cuestionó la utilidad de la CRE, lo que se asume es un desprecio presidencial y un “me da igual” a quien elijan. Y eso es una falta de respeto a la institución y a los ciudadanos. Si en su derecho el presidente López Obrador considera que la CRE es un órgano de control inútil y manipulable, que proponga su modificación o someta su desaparición al poder legislativo para que se sancione. Pero existiendo expertos altamente capaces en el tema en universidades y centros de investigación de todo el país, la postulación de uno de sus hombres de seguridad y de otro ignorante del tema, es un insulto a los mexicanos. Y ante tal superficialidad, vuelve a la mesa el cuestionamiento que se dio cuando se designó a un ingeniero agrónomo de la Universidad de Ciencias Tropicales al frente de Pemex y a un licenciado en derecho al frente de la CFE. Más seriedad, que la confianza y el beneficio de la duda que les da la elevada popularidad tiene fecha de caducidad.