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16 de Septiembre del 2019

PAN tracionado

¿Alguien podrá rehabilitar a un octagenario enfermo de gravedad como el PAN? En su ochenta aniversario, el principal partido de oposición enfrenta una crisis de identidad.

Corría el año de 1939 cuando México era gobernado por Lázaro Cárdenas. Sus ideas socialistas inquietaban a la clase empresarial y la oposición era inexistente.

 

Fue entonces que el 15 de septiembre, un puñado de idealistas, con Efraín González Luna, Aquiles Elorduy, Luis Calderón Vega, Francisco Fernández Cueto y Rafael Preciado, entre otros, decidieron fundar el Partido Acción Nacional.

 

No nacieron con la mejor estrella. En su primera elección -y a falta de un candidato presidencial sólido- Manuel Gómez Morín autorizó a los suyos a votar por el general Juan Andrew Almazán, del Partido Revolucionario de la Unificación Nacional.

 

Desde su fundación y en sus primeros 40 años, Acción Nacional fue una mediocre oposición, que acaso ganaba una alcaldía aquí, una diputación allá.

 

Anecdótico, si no trágico, es que en su primera oportunidad de desafiar al PRI de Echeverría, los empresarios pactaron la retirada de Pablo Emilio Madero como su candidato presidencial. López Portillo se fue solo, como candidato único.

 

Solo el heroísmo de Luis H. Álvarez y de Francisco Barrio en la resistencia de Chihuahua en el sexenio de De la Madrid avivó la flama de que algún día algo se podría hacer para derrotar al PRI Gobierno.

 

No fue sino hasta 1988, con un fenómeno político llamado Manuel Clouthier, que el PAN se renovó como una esperanza para México.

 

La solidez de principios y la bravura de “El Maquío” inspiraron a millones que salieron a las calles para ponerle un alto a un PRI hundido por Echeverría, López Portillo y De la Madrid.

 

Y aunque no derrotaron oficialmente a Carlos Salinas, el presidente del neoliberalismo entendió que los tiempos habían cambiado. Y en 1989 el PAN se abrió paso con Ernesto Ruffo Appel para ganar su primera gubernatura en Baja California.

 

A partir de ahí, los nombres de Carlos Medina, Francisco Barrio, Vicente Fox, Eugenio Elorduy y Fernando Canales, entre otros, le dieron forma a un poderoso frente que desafiaría al PRI.

 

Y gracias a la solidez de principios y a la estructura que le forjó Carlos Castillo Peraza, el último ideólogo albiazul, el PAN se enfiló en el 2000 bajo la presidencia de Luis Felipe Bravo Mena a consumar su primer asalto al poder.

 

Vicente Fox se alzó como el gran caudillo azul, como el irreverente vaquero que acabaría con las alimañas, las tepocatas y las víboras prietas tricolores.

 

Pero acabó traicionado su esencia, claudicando a sus principios y secuestrado por su debilidad ante la señora Marta. Un tepocate mas.

 

Desesperado por retener la silla presidencial, Fox pactó lo indecible con el Tucom anti-Madrazo y con Elba Esther Gordillo. Y juntos instalaron –haiga sido como haiga sido- a Felipe Calderón en la presidencia. El PRIAN vivió su parto.

 

Pero el hijo de don Luis Calderón renegó al idealismo de su padre y desmanteló lo que costó siete décadas edificar.

La venta de su alma al PRI en el 2006 se le facturó de regreso en 2012 con una una traición a Josefina Vázquez Mota.

 

Fox y Calderón acabaron respaldando a Peña Nieto. Dejaron de ser oposición y acabaron como socios cómplices del corrupto sistema.

 

Los números no mienten. En la cúspide de la esperanza azul en el 2000, con el 42 por ciento de los votos para Fox, el PAN alcanzó 211 diputados y 151 senadores. Récord.

 

Con Calderón se cayeron al 36 por ciento de los votos, con 206 diputados, que a la mitad del sexenio solo retuvieron 143. De los senadores cayeron de 52 en 2006 a 38 en 2009.

 

Con el pacto del PRIAN en 2012 apenas lograron 114 curules que a mitad de sexenio se volvieron 109. Y de los escaños en el Senado cayeron de 52 a solo 38.

 

Pero lo peor estaba por venir en 2018. Desenmascaradas las traiciones de Fox y Calderón, los números se desplomaron a solo 81 diputados y 23 senadores que ostentan hoy. Fue la debacle.

 

Un naciente partido opositor, Morena, con menos de cinco años a cuestas, los aplastó con el PRI. Juntos -albiazules y tricolores- no alcanzaron los votos de López Obrador.

 

Por eso hoy que se celebran los 80 años del PAN vale preguntarse en dónde están aquellos ideales forjados por González Luna, Gómez Morín, Preciado, Conchello, Castillo Peraza, Luis H. Alvarez, Bravo Mena y “El Maquío” Clouthier.

 

La dolorosa respuesta es: traicionados. Con Fox embriagado de amor, pactando su sobrevivencia política. Con Calderón embriagado de alcohol, hinchado de soberbia, bañado en sangre y fundando un nuevo partido para consumar el parricidio político del partido que un día fundó su padre.

 

¿Alguien podrá rehabilitar a un octagenario enfermo de gravedad como el PAN?