18 de febrero 2021

¡Que alguien me explique!

Paguen ustedes… cúrenme a mí

Las vacunas Pfizer, Moderna, CanSino, Sputnik y Johnson & Johnson fueron descubiertas en laboratorios de Alemania, Estados Unidos, China y Rusia. Tienen patente y tienen dueño. No son “patrimonio de la humanidad”

Por Ramón Alberto Garza

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Vamos a ver. Imaginen que tienen un virus que contagia a toda su ciudad y el cabildo decide modificar presupuestos destinados a otras prioridades, para buscar una cura para el mortal mal.

Después de largos meses de prueba y error, en los laboratorios de investigación de su ciudad dan con la fórmula mágica que evitará miles de muertes.

Pero de súbito, cuando le va a suministrar a sus ciudadanos el medicamento que se desarrolló con los impuestos pagados en aquella ciudad, se le plantan frente a la puerta de la casa de gobierno decenas de contagiados de otros vecindarios.

Y poniendo como escudo la exigencia de justicia e igualdad, demandan que el medicamento desarrollado en esa ciudad se reparta de manera equitativa entre todas las ciudades, que jamás le invirtieron ni un dólar para buscar una cura. ¿Verdad que suena absurdo?

Pues esa es precisamente la postura idealista asumida por México, que ayer se quejó ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del “acaparamiento” de las vacunas para contener los contagios del Covid-19.

El canciller Marcelo Ebrard fue muy claro al decir que 10 países, que representan el 60 por ciento del PIB global -es decir, los países ricos- están acaparando las vacunas, dejado desprotegido al resto del planeta.

Sin duda, una posición muy humanista, pero nada pragmática.

Primero, porque las corporaciones farmacéuticas que invirtieron cientos de millones de dólares tienen dueño y país de origen.

Las vacunas Pfizer, Moderna, CanSino, Sputnik y Johnson & Johnson fueron descubiertas en laboratorios de Alemania, Estados Unidos, China y Rusia. Tienen patente y tienen dueño. No son “patrimonio de la humanidad”.

¿Espera México que esos países renuncien a su derecho de aplicar sus vacunas con prioridad para sus habitantes para ser los primeros en derrotar a la pandemia?

¿Si usted desarrolla un medicamento en su casa, dejaría a sus hijos sin su dosis y con el riesgo de morir, para entregarle sin más ni más ese salvador medicamento al vecino?

Mejor cuestionemos… ¿por qué los países que hoy reclaman equidad en la distribución de las vacunas no invierten lo suficiente ni en educación ni en investigación para desarrollar vacunas?

O ya se nos olvidó que uno de los primeros recortes del gobierno de la Cuarta Transformación fue el que se dio en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología -mejor conocido como el Conacyt- quesque porque era un barril sin fondo.

En México, el gobierno federal apenas destina el 0.2 por ciento de su presupuesto total a ciencia y tecnología, y ya incluida la inversión privada, ese presupuesto alcanza el 0.5 por ciento del PIB.

¿Saben cuánto destinan de su presupuesto las naciones que desarrollaron las vacunas Covid?  Pues entre 4.3 y el 2.5 por ciento de su Producto Interno Bruto. Es decir, entre 5 y 8 veces más de lo que se invierte en México.

Pero lo que se asoma en la propuesta mexicana parece ser un afán de justificar la desastrosa campaña de vacunación del gobierno de la Cuarta Transformación, que está muy lejos de alcanzar la inmunización general.

No crean que vamos lentos, porque nos dormimos y no compramos a tiempo las vacunas. Tampoco crean que es porque estamos politizando la campaña de vacunación con los Siervos de la Nación al servicio de Morena, pidiendo credenciales del INE.

Lo que sucede es que los malditos países ricos, los que sí le invirtieron a la investigación y al desarrollo del medicamento, lo están acaparando y nos dejan al final. Luego entonces, la culpa es de los voraces laboratorios multinacionales.

Lo que deberíamos entender dentro de la lógica es que ningún país que haya desarrollado una vacuna va a salir a surtirla mientras no inmunice a toda su población. Así de sencillo.

Y por más que las Naciones Unidas salgan a exhortar a una distribución más equitativa, nadie va a hacer caso del llamado, por estricto sentido de sobreviviencia. Primero los míos y luego el resto del mundo.

Es absurdo denunciar “acaparamiento de vacunas”, cuando hacen falta cientos de millones de dosis para inmunizar a los ciudadanos de los países en los que esa vacuna se desarrolló.

Acaparamiento sería que ya todos esos países cumplieran con vacunar a sus ciudadanos y alguien comprara los sobrantes de la vacuna para lucrar en el mercado negro, imponiendo cuotas y precios a su antojo. Eso todavía no sucede.

Si lo que se quiere es vender una historia mediática para endosarle a las multinacionales la lentitud en la campaña de vacunación mexicana, puede que el cuento les pegue con los más necesitados.

Pero el hecho de que otras naciones latinoamericanas vayan muy lejanamente más adelante que México en la inmunización de su población, echa por tierra la falacia del acaparamiento.

Para muestra, ahí está Chile, que con menos recursos que México, ya está por alcanzar la vacunación en el 10 por ciento de sus 19 millones de habitantes.

Lo están logrando porque negociaron a tiempo con los laboratorios multinacionales, arrancaron su campaña el 3 de febrero y con 2.3 millones de vacunas aplicadas están inmunizando entre 150 mil y 270 mil chilenos diarios.

México apenas alcanza un 0.59 por ciento de su población inmunizada, reportando solo 749 mil vacunas desde que inició oficialmente su proceso de vacunación el 15 de febrero.

Si México fuera al paso de Chile, ya tendríamos 13 millones de inmunizados. Es decir 17 veces más que los que apenas registramos.

La diferencia entre Chile y México, nada tiene que ver con injusticias y acaparamiento de vacunas. Tiene que ver con efectividad de sus gobiernos. Y ahí, la tenemos perdida.

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