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27 de Marzo del 2019

Otra vez la CNTE

En el sexenio de Enrique Peña Nieto, a la CNTE se le controlaba con dinero. Ahora, en el de Andrés Manuel López Obrador, con posiciones en la Cámara de Diputados y en su Comisión de Educación. A pesar de ello, las protestas y bloqueos continuan. Esto se ha vuelto una extorsión abierta. ¿Será que este “magisterio” no tiene llenadera?
Otra vez la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Una vez más las acciones de resistencia y bloqueo a las instituciones con el pretexto de que no se les consultó lo suficiente la nueva Reforma Educativa. Su primera incursión de rebeldía dentro del gobierno de la Cuarta Transformación se dio a unos días de que se inaugurara como presidente Andrés Manuel López Obrador. Los maestros radicales tomaron primero el Palacio de Gobierno de Michoacán exigiendo el pago de sueldos pendientes. Y el conflicto escaló hasta el cierre de todas las carreteras michoacanas y el bloqueo a las vías de ferrocarril que desde el puerto de Lázaro Cárdenas son utilizadas para exportar e importar mercancías. Cuando aquello parecía solucionarse, no sin contabilizar multimillonarias pérdidas para la industria y el comercio nacionales, se abrió el expediente de la nueva Reforma Educativa. Los bloqueos ahora son contra la Cámara de Diputados. Se iniciaron la semana pasada con la toma intermitente de los accesos a San Lázaro y ayer se plantaron anunciando tres días de campamento. Los diputados, con una agenda legislativa abultada que incluye 26 dictámenes a punto de ser aprobados, buscan una salida que vaya más allá de la enésima mesa de negociación, que siempre termina en nada. Y es que para ser claridosos, lo que el liderazgo de la CNTE busca no es ni un arreglo ni mejores condiciones para sus agremiados, sino dinero constante y sonante en sus bolsillos. Dádivas a cambio de tranquilidad. Venden la paz. Lo aprendieron en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, cuando frente a la urgencia de sacar adelante la Reforma Educativa, desde Bucareli se les silenció con carretadas de dinero. Para nadie es un secreto que el “negociador” –o mejor dicho, el “comprador de la paz”- era el subsecretario Luis Miranda, quien más tarde sería premiado con la Secretaría de Desarrollo Social. El bajo perfil que la CNTE mostró a partir del tercer año del gobierno peñista obedeció a que sus líderes estaban muy contentos disfrutando a manos llenas de las mieles del presupuesto. Podían comprar lo que quisieran. Quizás en un descuido, cuando se investigue a fondo el destino de los dineros de la llamada Estafa Maestra, podría ser que algunos de esos recursos terminaron -además de en cuentas personales de algunos políticos- en las arcas de la CNTE. Pero el gobierno de la Cuarta Transformación también buscó pactar los propio. Sin duda no con dinero, pero sí con posiciones legislativas para sus líderes. Si se hace un recuento del poder de la CNTE en San Lázaro verán que los maestros rebeldes, postulados en su mayoría por Morena, acabaron recibiendo 21 diputaciones, una curul más que el tradicional Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Pero sin duda, lo más relevante es que la presidencia de la Comisión de Educación recae en la diputada Adela Piña Bernal, morenista y centista, quien logró colocar entre las doce secretarías de su comisión a cuatro legisladores más de la Coordinadora. Por eso sorprende que, a pesar de que en lo oficial la CNTE ya es en San Lázaro un poder mayor que el tradicional SNTE, sean hoy los rebeldes quienes bloquean la Cámara. ¿Que aún con el control de la Comisión de Educación no tienen la capacidad de diálogo para resolver el conflicto sin entrar en la violencia que cancela por completo el quehacer legislativo de la nación? El presidente López Obrador está obligado a una profunda reflexión. Antes se les callaba con el dinero del erario. Ahora se les legitimó con posiciones clave en la Cámara de Diputados. Qué sigue ahora. ¿Será que ese “magisterio” no tiene llenadera?