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08 de Junio del 2018

Ortiz y AMLO: Pericazo

Nada más absurdo que la idea de que Andrés Manuel López Obrador piense fichar a Guillermo Ortiz como secretario de Hacienda
Alguien soltó por ahí la peregrina idea de que Andrés Manuel López Obrador podría estar interesado en el fichaje de Guillermo Ortiz para su Secretaría de Hacienda, en caso de que el voto lo favorezca y llegue a la presidencia. Nada mas absurdo y fuera de contexto, considerando que los perfiles del candidato de Morena y de quien fuera secretario de Hacienda en el sexenio de Ernesto Zedillo son diametralmente opuestos. Mas irreconciliables que el agua y el aceite. Una sola pregunta basta: ¿Invitaría López Obrador a su gabinete al personaje de las finanzas nacionales que concretó el cuestionado Fobaproa, para rescatar a los banqueros quebrados por el error de diciembre de 1994? La respuesta es: nunca. Pero el rechazo a Ortiz, mejor conocido entre sus amigos como “La Perica”, no viene exclusivamente por el Fobaproa.  Su historial está lleno de interrogantes que no soportarían el mas elemental análisis, sin que aparecieran episodios biográficos oscuros y cuestionables. Porque difícilmente podrán encontrar un funcionario que en su país haya vendido, rescatado y vuelto a vender los mismos Bancos, siempre en medio críticas y dudas. Cuestión de recordar que fue Ortiz, en su calidad de subsecretario de Hacienda, en el sexenio salinista, quien operó la privatización de la Banca. Y entre los episodios oscuros que nunca se aclararon está la inicial asignación de Bancomer a Operadora de Bolsa, comandada entonces por Adrián Sada. Fue una decisión revertida en la misma madrugada, para acabar reasignando ese mega banco al Grupo Vamsa, lidereado por Eugenio Garza Lagüera. Primera vuelta de favores. Años después, en 1994, la crisis financiera que obligó a crear el mecanismo de rescate a los banqueros emproblemados conocido como el Fobaproa. El secretario de Hacienda entonces ya era Guillero Ortiz. La danza de arreglos y las componendas para incluir en la licuadora del rescate bancario cientos de empresas emproblemadas, pasó siempre por el escritorio de “La Perica”. Segunda vuelta de favores. Y ya al cierre del sexenio zedillista, fue el mismo Ortiz quien desde la secretaría de Hacienda dio el banderazo para instrumentar un craso error histórico que hoy pagamos todos los mexicanos: entregarle la Banca mexicana a los extranjeros. Los procesos de negociación con Citibank, BBVA, Santander, HSBC y Scotiabank, fueron en fast track, consumando la aberración de ser el único país que no controla su sistema de pagos. Tercera vuelta de favores. Y como si los tres capítulos de venta, rescate y reventa a extranjeros fueran pocos, Ortiz apareció como director general de Banorte, uno de los escasos bancos que se defendieron en manos de mexicanos. Ahí jugó un doble papel. Como director y custodio de un porcentaje de acciones de misteriosos inversionistas ligados al zedillismo, quienes desde sus posiciones de influencia y poder intentaron dominar a sus anchas la institución orgullo de Roberto González Barrera. Tanto que en la antesala de su muerte, “El Maseco” fue visitado en su lecho por un Ortiz que mudó su apodo de La Perica por el de El Buitre, pues buscó en vano que don Roberto le firmara la venta y cesión del control del Banco. Don Roberto no cedió y Banorte que acabó en manos de sus herederos, los Hank-Rhon-González y los González Moreno. Y ni para que asomarnos al asesinato en las afueras de su residencia de Alejandro Ortiz Martínez -su hermano- en un episodio que dejó abiertas mas dudas que respuestas. Por eso es una aberración que, de ganar, López Obrador ensuciara su gabinete con un fichaje tan pobre. Ortiz es imprensentable.