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14 de Septiembre del 2018

Oro negro, ¿de quién?

La creación de Oro Negro sirvió para aprovechar la ventana que se abriría para explorar aguas profundas gracias a la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto
Uno de los signos de los tiempos panistas en los 12 años que Vicente Fox y Felipe Calderón se instalaron en Los Pinos fueron los negocios post sexenio que algunos de sus secretarios armaron para convertirse en  magnates privados. Uno de esos botones es Oro Negro, la corporación creada por José Antonio y Gonzalo Gil White, sobrinos del secretario de Hacienda foxista Francisco Gil Díaz, de la mano del ex director de Pemex, también foxista, Luis Ramírez Corso. La creación de esa perforadora petrolera fue para  aprovechar la ventana que se abriría para explorar aguas profundas gracias a la Reforma Energética peñista. Conociendo como pocos las condiciones del mercado, los directivos de Oro Negro gestionaron con Temasek, un fondo de inversión de Singapur, un préstamo que más tarde se convertiría en bonos que alcanzaron los 939 millones de dólares. Con ese fondeo que asoció a Lorenzo González y Roberto Rocha, directivos de Temasek,Oro Negro adquirió en renta cinco plataformas con la intención de lograr sendos contratos con Pemex, aprovechando las relaciones de Ramírez Corso y los Cañedo White. Y en efecto, los contratos para sus cinco plataformas les fueron asignados por el director de Pemex, el controvertido Emilio Lozoya. Pero una serie de jaloneos en las negociaciones, combinadas con malas decisiones de sus directivos, descarrilaron la urgente puesta en marcha de la nueva corporación petrolera. Sin flujos que respondieran para cubrir la renta de las plataformas, Oro Negro cayó en la desgracia y se declaró insolvente para cumplir a sus tenedores de bonos. Casi mil millones de dólares al aire no son poca cosa. La corporación petrolera acaba de recibir la resolución que la declara en quiebra a través de la figura del Concurso Mercantil. Tiene 185 días para negociar. En medio de la tormenta, aparece desde el 2014 un personaje siempre oportuno: David Martínez. El financiero regiomontano integra SeaMex –una filial de Seadrill y de su fondo Fintech- con la que logra contratos de que desplazan a Oro Negro como el perforador favorito de Emilio Lozoya. Quizás por eso hoy, el siempre “misterioso Señor Martínez”  reaparece en escena, sobrevolando el naufragio de Oro Negro. Como lo acaba de hacer con el rescate de ICA. Y todo indica que Martínez, solo o con sus socios de SeaMex y/o ICA, ya está listo para negociar la adquisición de las cinco plataformas de Oro Negro a precio de concurso mercantil. A un 25 o 30 por ciento de su valor. En los círculos financieros internacionales la posibilidad de esta operación despierta ya todo tipo de suspicacias. Casi las mismas que se dieron con el arreglo de ICA, que lesionó a los accionistas minoritarios y premió a los dueños que la llevaron a la quiebra técnica. Martínez es hoy su accionista más importante. Viene a cuento lo de Oro Negro como un caso emblemático de lo que tendrá que enfrentar el presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Es evidente que existe la urgencia de limpiar el petróleo derramado en los últimos tres sexenios- panistas y priistas-, antes de que el nuevo gobierno los llame a cuentas. Hace unos días, López Obrador dejó una excelente impresión entre los principales contratistas privados que le dan servicio a Pemex y sus filiales. El que será nuevo inquilino de Palacio Nacional sembró la suficiente confianza para pensar que las licitaciones y las adjudicaciones serán de verdad abiertas y transparentes. Sería muy lamentable que el Caso Oro Negro se subestime –con cuestionables pactos en lo oscurito- y sea la primera mancha de petróleo en un sector en el que el gobierno de Morena prometió limpiar a fondo.