16 de septiembre 2021

27 de agosto 2021

¡Que alguien me explique!

Olga y el quiebre

Lo que ocurrió ayer en el gobierno de la 4T fue un quiebre. Se trató de una crisis que obligó al presidente López Obrador a reacomodar su Gabinete y las fuerzas que controlan al Senado, dominado por su partido, Morena

Por Ramón Alberto Garza

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Se diga lo que se diga, lo que ocurrió ayer en el gobierno de la Cuarta Transformación fue un quiebre.

Se trató de una crisis que obligó al presidente Andrés Manuel López Obrador a reacomodar su Gabinete y las fuerzas que controlan al Senado, dominado por su partido, Morena.

La salida de Olga Sánchez Cordero de la Secretaría de Gobernación y la llegada a Bucareli del gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, tienen toda la fachada de lo inesperado.

Está claro que, si ese relevo fuera planeado, el presidente López Obrador lo habría anunciado en su mañanera de ayer jueves.

Con Olga Sánchez Cordero y Adán Augusto López, presentes y sonrientes. Es lo que exige una transición decente, programada. Pero no fue así.

La secretaria de Gobernación presidía un evento público de mujeres cuando lo abandonó de urgencia. Y a partir de ese momento comenzaron a circular las versiones sobre su relevo en Bucareli y su regreso al Senado.

Y mientras tanto su salida era filtrada en redes sociales, el gobernador de Tabasco entraba a Palacio Nacional para el acuerdo con el presidente.

Lo que ocurrió entre la mañanera, en la que no se dio la noticia, y el mediodía en que se confirmaba el relevo, solo tiene una de tres explicaciones.

Una, que el presidente López Obrador recibió información relevante que le exigía ponerle un contrapeso en el Senado al líder morenista Ricardo Monreal, quien pareciera que ya trae su propio juego político rumbo al 2024, poco alineado a los intereses del inquilino de Palacio Nacional.

Bajo este supuesto, la urgencia era devolver a Olga Sánchez Cordero a la Cámara Alta para instalarla como su presidenta, para recordarle a Monreal que no es indispensable.

Dos, que el presidente López Obrador ya no pudo contener la disputa abierta que existía entre la secretaria de Gobernación y el Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, y acabó por tomar una decisión.

Cuestión de recordar que ese conflicto alcanzó espacios en algunas mañaneras, sobre todo, después de que Omar Cervantes, el director de Comunicación de Gobernación, le pidió a una periodista que filtrara una información contra Scherer Ibarra, asegurando que la secretaria se lo iba a agradecer.

El audio se filtró y el funcionario renunció. Las tensiones entre Sánchez Cordero y Scherer crecieron, e iban en ascenso.

Tres, que el presidente López Obrador asumió de súbito la decisión de llegar al primero de septiembre -en su tercer informe oficial, el de mitad del camino- dejando el mensaje claro de que su segunda mitad la jugará con los suyos, con sus incondicionales, con sus hombres y mujeres de confianza, abandonando la línea inclusiva, asumiendo una posición más morenista.

La renuncia de Olga Sánchez Cordero solo viene a sumarse a otras salidas, de quienes eran considerados en el Gabinete, el ala técnica, los moderados, los ortodoxos.

En esa lista se incluían Alfonso Romo, quien dejó la Oficina de la Presidencia, que acabó por desaparecer; Esteban Moctezuma, quien dejó la Secretaría de Educación y se refugió como embajador en Washington; Alfonso Durazo, quien renunció a la Secretaría de Seguridad Nacional para irse a buscar la gubernatura de Sonora. De ese bloque de técnicos neo-morenistas solo sobrevive Julio Scherer Ibarra.

Está claro, pues, que el quiebre de ayer en Palacio Nacional, en Bucareli y en Tabasco, se vivió con el sacudimiento de lo inesperado.

Tanto, que el presidente López Obrador hizo el anuncio oficial del nuevo secretario de Gobernación, cuando éste todavía ocupaba el cargo de gobernador de Tabasco.

Adán Augusto López, ya investido como el nuevo patrono de Bucareli, voló de regreso a su tierra para someter al Congreso local su petición de licencia. Así, o más claro.

Lo que sí es un hecho, es que las filas de Palacio Nacional se están reconfigurando para dar la gran batalla del 2024 y que el presidente buscará dar esa pelea, solo con sus incondicionales. General, solo hay uno. El resto es tropa.

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