FACEBOOK

VISTAS
06 de Agosto del 2018

Ningún chile les acomoda

Como diría el presidente Enrique Peña Nieto en uno de sus recientes discursos, “ningún chile nos acomoda”. Pero eso no es obra de la casualidad
Los mexicanos tenemos sembrado el chip de la inconformidad a flor de piel. Pocas cosas nos parecen suficientes. Si van en una dirección, levantamos la voz; si se cambian a otra, también las censuramos. Si el caso va bien, “cuánto está costando”, “quien se está mochando”; si va mal, ahí está, es obra de los ineptos del gobierno. Como diría el presidente Enrique Peña Nieto en uno de sus recientes discursos, “ningún chile nos acomoda”. Pero eso no es obra de la casualidad. Esa crítica a diestra y siniestra contra quien no comulga con nuestras ideas o no hace lo que pensamos o decimos, es producto de siglos de gobiernos oligárquicos que sojuzgan y no escuchan. Son aquellos que desde el poder trazan para beneficio personal de un puñado de gobernantes y de empresarios la ruta política o económica que mas les conviene, aunque sea evidente que no es la mejor para el pueblo. En ese marco se inscriben las duras críticas de morenistas y de priístas ante el desayuno que se dio entre Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade. Un suceso impensable, hasta hace algunos días. Que el presidente electo que sacudió al viejo sistema político invitara a dialogar al candidato perdedor del Partido en el Poder. Una escena muy digna de aplaudirse en cualquier democracia. Menos en México. Un encuentro que refleja humidad del ganador que invita y también del perdedor que acude. Un apretón de manos entre dos rivales que pasada la elección aceptan civilizadamente el resultado y prometen buscar lo mejor para el país. Pero detrás de ese sueño de primer mundo, en México las redes fusilan a mansalva. Que si López Obrador ya pactó “con la Mafia del Poder”. Que si Meade se arrastró para que ahora los morenistas lo hagan suyo. El juego perverso al que llevamos la política en México es de blancos y negros. De buenos y malos. De querubines y de demonios. No hay grises. Le construimos un altar a quienes favorecemos y enviamos al paredón a quienes no piensan igual, aunque estén dispuestos a contribuir al cambio. Siempre lo dijimos. Meade es un funcionario público decente y preparado. Un profesional del servicio público al que no en balde vivió la responsabilidad de cinco secretarías de Estado, tanto en gobiernos panistas como priistas. Y López Obrador está sintonizado en la frecuencia de Amlove. Amor y paz. De mandar señales de que el cambio prometido se hará en paz. Y todos los que se quieran sumar desde la buena voluntad, bienvenidos. Lo que no es justo, es que los extremistas de la política y de los negocios se adueñen de los juicios sumarios, sin mas información que “no me gusta”, “aquí hay algo escondido” o “estos ya venían arreglados”. Y que conviertan a sus medios, los propios y los alquilados, junto a las volátiles redes sociales, en tribunales desde los cuales instalen una dictadura de la verdad. La de su verdad. Veámonos en el espejo ególatra de Donald Trump y lo que queda de sus fanáticos, dedicados a sembrar odios y cosechar tempestades, como para que los mexicanos le aticemos mas leña a la hoguera. El gobierno de López Obrador todavía no comienza. Aunque los espacios estén inundados con designaciones, planes y proyectos. Demos el beneficio de la duda, apoyemos y ya sobre resultados, juzgamos. Por lo pronto dejemos de satanizar un encuentro, como el que debería darse con el resto de los candidatos de la elección 2018.