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10 de Diciembre del 2018

Ni despega, ni aterriza

El secretario de Turismo, Miguel Torruco, anuncia que los aeropuertos trabajarán en conjunto y luego el secretario de Transportes Javier Jiménez Espriú dice lo contrario
Es muy entendible que todo nuevo gobierno demande de un período de ajustes y adaptación para instalarse a sus anchas en el poder. Nadie nace con el avión en el aire. Hay que despegarlo. Pero lo que sucede con el arranque del gobierno de la Cuarta Transformación comienza a preocupar, porque más que un proyecto político da la impresión de estar instalado en una peligrosa dinámica de prueba y error. Vean el último episodio de contradicciones, cuando el secretario de Turismo, Miguel Torruco, sale a anunciar que el actual aeropuerto de la Ciudad de México será solo para vuelos nacionales y que el proyectado en Santa Lucía se destinará a los vuelos internacionales. No acababa de enfriarse el debate de semejante absurdo, cuando otro secretario de la 4T, Javier Jiménez Espriú -de Comunicaciones y Transportes- salió a desmentir públicamente lo dicho por su colega de gabinete. Y no era para menos. Se imaginan lo que significaría para los millones de pasajeros que usan el aeropuerto de la ciudad capital como conexión para un vuelo internacional a cualquier destino en los Estados Unidos, Europa o Asia. ¿Tienen idea de lo que significaría para un extranjero llegar a Santa Lucía para conectar su vuelo a Cancún, Puerto Vallarta, Los Cabos o Acapulco, obligándose a trasladarse 45 minutos a otro distante aeropuerto? ¿Y el traslado de equipajes en interconexión? El anuncio de Torruco no soportó la prueba del ácido. Mucho menos la del sentido común. Mas aún, ese anuncio jamás debió hacerlo el secretario de Turismo. En todo caso era  terreno del secretario de Comunicaciones y Transportes. Por eso Jiménez Espriú se vio obligado a salir al paso. Para arreglar el descalabro, antes de que el tema se convirtiera en otro nuevo trending topic de las dudosas decisiones iniciales del gobierno de la 4T. Lo que de verdad se asoma en este nuevo resbalón, que se a la sorpresiva petición de bajar las comisiones bancarias, la propuesta de meterle candados a las Afores, las cuestionadas consultas al pueblo sabio y los dimes y diretes entre el nuevo y los viejos aeropuertos, es que existe una sensación de que nada está debatido. De que todo son ocurrencias al bote pronto. Podemos entender que existan diferencias entre lo que opinen los integrantes del gabinete y otros actores de la sociedad, léase empresarios, líderes de oposición, medios de comunicación, líderes sociales e influencers. Pero que esas diferencias se den entre integrantes del propio gabinete, que se contradicen por horas, con propuestas diametralmente opuestas, solo exhibe una ausencia de control que bordea en la anarquía. Y el presidente Andrés Manuel López Obrador no tiene derecho a salir a decir que él deja que cada quien opine en libertad. Esto no es un asunto de puntos de vista, sino de claras estrategias de gobierno, que tienen un costo económico y político si se toman sin ser debidamente analizadas. ¿Qué opinarán las grandes aerolíneas internacionales cuando amanecen con la novedad de que sin ser consultadas van a tener que duplicar su personal de tierra porque tendrán que tenerlo en el viejo aeropuerto, en Santa Lucía y en un descuido hasta en Toluca? ¿Midió Torruco el efecto que tendría su ocurrencia de sacarle la vuelta a la ciudad de México, para irse a conectar a Monterrey, Guadalajara o Cancún, donde no se tendría que cambiar de aeropuerto para hacer vuelos internacionales? Alguien tiene que sonar la campana dentro del gabinete lopezobradorista, porque le sensación de ausencia de mando crece por días. Como que la Cuarta Transformación ni despega, ni termina de aterrizar algo en concreto. Y de la fallida liquidación de los bonos del suspendido aeropuerto de Texcoco mejor hablamos otro día. Eso tampoco aterriza.