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28 de Agosto del 2018

De Nafta al Usmeta

Mientras Estados Unidos y México esperan que Canadá se una al ahora llamado USMETA, hay varios factores que aceleraron este proceso
Lo que se creía imposible, al fin se pactó. Y con mucha dignidad México alcanzó un sólido acuerdo comercial con los Estados Unidos. Ya no se llamará North American Free Trade Agreement (Nafta). El presidente Donald Trump se lo apropió al rebautizarlo como como el United States- Mexico Trade Agreement (Usmeta). Pero lo que de verdad importa, es que fue una brillante estrategia, combinada con extrema paciencia, que le rindió los esperados frutos al presidente Enrique Peña Nieto y a sus negociadores, el secretario de Economía Ildefonso Guajardo y el secretario de Relaciones Exteriores Luis Videgaray. Por supuesto que no hay que dejar fuera de la ecuación a Jesús Seade, el negociador enviado por el nuevo gobierno lopezobradorista, quien aunque todavía frío, sin duda dio la certeza de que el acuerdo al que se llegaría se respetaría a partir del primero de diciembre. No hay duda de que el fin de semana se dieron estirones, jaloneos e incluso desencuentros, no solo entre los equipos negociadores de México y Estados Unidos, sino dentro de la misma sui-géneris delegación mexicana. Y esos diferendos transitaron desde las cláusulas energéticas, hasta las mezclas de integración y salarios en la industria automotriz además de las revisiones periódicas al nuevo acuerdo. Salvo que luego aparezca una “letra chiquita”, ambos mandatarios quedaron satisfechos, no sin dejar de advertir que los mexicanos se mostraron mas preocupados que los norteamericanos por la ausencia de los canadienses. El nuevo tratado comercial ya es un hecho entre los Estados Unidos y México. Y se buscará subir a Canadá. Dicen que México traicionó, al perder a un aliado aceptó excluir a Canadá. Pero que nadie olvide que el primer ministro Justin Trudeau ya había amenazado con alcanzar a su acuerdo con los norteamericanos, sin México en la mesa. Fue al revés. Sin regateos hay que reconocer una y otra vez la estatura política y dimplomática de Ildefonso Guajardo, quien fue el responsable de rescatar lo que muchos daban por perdido. A su lado, el equipo negociador del sector privado que lo acompañó en la sala contigua de los jaloneos y que incluyó a Juan Gallardo, Juan Pablo Castañón, Moisés Kalach y Eugenio Salinas. Pero quien busque una explicación fast track de lo que aceleró al ahora Usmeta, que la ubique en cuatro factores clave. Uno, la buena voluntad con la que siempre se sentaron a mesa los equipos de Lightheizer y de Guajardo, soportando los embates que venían sobre todo de los tweets de la Oficina Oval. Videgaray y Kushner, en la esquinita. Dos, la buena disposición del nuevo equipo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, un hecho desde hace días viene reconociendo el presidente Trump. Tres, la urgencia de usar el nuevo acuerdo como un logro trumpista que apuntale las campañas republicanas rumbo a la elección del Congreso norteamericano en noviembre. Y cuatro, la urgencia que tenía Trump de mostrar una ficha ganadora en medio del caos creado por sus confrontaciones comerciales con China, Canadá y la Unión Europea. Probar que sí tiene lado. Sin duda alguien debió decirle al inquilino de la Casa Blanca que además de plantar un rostro menos intransigente, el sellar el nuevo acuerdo con México le podría atraer las simpatías de los millones de votantes de origen mexicano. Por ahora en Los Pinos el presidente Enrique Peña Nieto por fin se respira algo de paz. El Usmeta es aire fresco para un gobierno que no se levantaba del piso desde su gran derrota electoral del primero de julio.