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30 de Septiembre del 2019

Morenos sordos

Morena necesita más a Andrés Manuel López Obrador de lo que el presidente necesita a Morena. El desaire a las comparecencias del secretario de Hacienda y de la secretaria de Gobernación en el Congreso son evidencia de que los intereses del proceso de sucesión del partido en el poder podrían tener consecuencias graves.
Los morenos están distraídos, ocupados en sacar adelante la elección de su dirigente nacional, en los primeros comicios internos desde que se instalaron como Partido en el Poder. Tan ocupados están, que a pesar de ser mayoría no se dan el tiempo para escuchar a los secretarios de Estado que son citados a los plenos de la Cámara de Diputados y de Senadores para explicar agendas y proyectos de su gobierno, que están obligados a legislar. El jueves y viernes pasados, por ejemplo, la secretaria de Gobernación y el secretario de Hacienda fueron mal tratados al presentarse ante plenos muy poco concurridos. Y ni modo de decir que son cosas de la oposición. Morena es mayoría y si los legisladores del Partido en el Poder se hubieran apersonado, ni Olga Sánchez Cordero ni Arturo Herrera, habrían vivido semejante desaire de sus mismos correligionarios. Pero esto no es más que un reflejo de lo perdido que anda Morena en liderazgos. A menos de cumplirse un año en el poder, el partido que sorprendió a propios y extraños con un meteórico ascenso está hoy confrontado en una disputa intestina por quién debe ser su próximo dirigente. Los cuatro bandos están claros. Yeickol Polevnsky busca su reelección apoyada por el ala morenista de Martí Batres. Mario Delgado hace mancuerna con Ricardo Monreal y con Marcelo Ebrard para ser la nueva opción. Por la libre, pero con bendición monrealista, Alejandro Díaz Durán. Y desde la coordinación de Programas Integrales del Gobierno Federal, Gabriel García Hernández busca darle el último empujón a Bertha Lujan. El presidente Andrés Manuel López Obrador está más que consciente de los golpes bajos que se dan para conservar o asumir el control del partido que lo llevó al Palacio Nacional. Pero insiste en que él no va a meter las manos por nadie. Que si acaso su propuesta se limita a proponer que para evitar desgastes se de una decisión por la ruta de las encuestas, no por elección directa. Pero esa iniciativa tiene divididos a los cuatro contrincantes. Polevnsy y Delgado a favor, Luján y Díaz Durán en contra. Lo que hoy se tiene que cuestionar de fondo es si los liderazgos de Morena están a la altura del reto político que significa una sacudida de timón en medio de una tormenta para reemplazar al viejo sistema de alianzas y componendas. Pero por lo que se asoma en los hechos, la respuesta es no. A pesar de que el presidente López Obrador se opone abiertamente al acuerdo en lo oscurito para ampliarle tres años al gobernador morenista Jaime Bonilla, la actual dirigencia de Morena da su aval para que terceros, operando dentro del gobierno, promuevan y hasta financien el ilícito. A pesar de que el presidente López Obrador demanda que se reduzcan al 50 por ciento las prebendas del Instituto Nacional Electoral a los partidos, Morena no acusa recibo y guarda silencio cómplice al aumento del 6 por ciento que se anunció para el 2020. A pesar de que el presidente López Obrador pide unidad para enfrentar el reto, las disputas por los liderazgos en las Cámaras confrontan a Martí Batres con Ricardo Monreal y exhiben un sufragio efectivo, sí reelección en el penoso caso de Porfirio Muñoz Ledo. Por eso el presidente López Obrador se vio obligado a salir a pintar su raya. A decirles que si Morena no retoma la ruta de lo políticamente correcto, de lo moralmente justo, él no tendría empacho en dejar el partido. Morena necesita más al presidente López Obrador que lo que el partido puede apoyar al inquilino de Palacio Nacional. Pero por lo visto todos los morenistas se hacen como que nada escuchan. Y esa sordera se exhibe en los asientos vacíos de la semana pasada en el Senado y en la Cámara de Diputados, ante las comparecencias de dos personajes clave de la política y la economía del gobierno de la Cuarta Transformación.