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28 de Enero del 2020

Morena sin corazón

Lo que hoy exhibe Morena ya no es ni corazón, ni espíritu. Solo puños alzados de jefes de tribus que aprovechan el “no me meto” del presidente López Obrador para hacer de su partido el cuadrilátero de sus peores intereses.
El presidente Andrés Manuel López Obrador tendría que reflexionar dos veces sobre su postura de “no meter las manos” en el enorme conflicto entre tribus que enfrenta Morena. Primero, porque se trata del partido político que se fundó al amparo de sus ideales y que congregó en torno a su arrastre como líder social a millones de mexicanos de distintas corrientes. Segundo, porque fue el partido bajo cuyas siglas fue votado por 33 millones de mexicanos como el jefe político de la Nación, como el primer presidente de izquierda que se instala en la Silla del Águila. Tercero, porque ese su partido político, el que lo llevó al poder, detenta también el control de la mayoría en la Cámara de Diputados y en la de Senadores. Cuarto, porque si el presidente pone oídos sordos a la antropofagia política desatada entre las tribus de Morena, no existirá partido fuerte para las elecciones intermedias del 2021, mucho menos para las del 2024. Por eso se ve como un absurdo su delinde del caos que vive el partido político que hace un año era todo festejo y algarabía, cuando históricamente ganó -a los cuatro años de fundado- la presidencia de México. El error inicial sucedió cuando López Obrador se encaminó a la candidatura presidencial y se vio obligado en diciembre del 2017 a renunciar a la dirgencia del partido. Yeidckol Polevnsky fue instalada como interina. Los primeros meses de la ex dirigente de la Canacintra fueron de miel sobre hojuelas. Montada a lomo de la exitosa campaña y de la victoria presidencial, Yeidckol era una rockstar política, bienvenida en todas las mesas. Pero el poder marea y desde la selección de candidatos en los 32 estados, la presidenta interina de Morena fue acumulando cadáveres tirados, acuerdos en lo oscurito, negociaciones con conflicto de interes e incluso algunos pactos inconfesables. Lejos de ser la gran aglutinadora de Morena, Yeidckol dedicó su mejor esfuerzo a trabajar por su causa personal, con sus intereses muy particulares, con sus colaboradores mas cercanos. Y le creció la oposición interna. Ricardo Monreal, Mario Delgado, Berta Luján y Alejandro Rojas Díaz Durán, entré muchos, entraron en abierta confrontación con quien desde su interinato buscó perpetuarse al frente de los intereses que ella misma cimentó. Por supuesto que el presidente López Obrador era conciente del desmantelamiento de su partido, pero bajo la bandera de “soy presidente de todos”, dejó pasar las correrías de Yeidckol. Las disputas del partido en el poder se judicializaron, todas las tribus se boicotearon en los distintos congresos regionales y estatales, hasta acabar con el Congreso Nacional de Morena del domingo pasado, en el que Yeidckol fue desconocida como su dirigente. En su lugar se designó a Alfonso Ramírez Cuellar como nuevo interino que relevaría a la fallida y conflictiva presidenta interina. Pero Yeidckol se niega a acatar la decisión y desconoce el mandato de un congreso al que califica de espurio y manipulado. Cosechó lo que sembró. En los 24 meses que se prolongó su interinato, lejos de fortalecer las bases de Morena hizo del partido su feudo, descalificando a otros actores politicos que fueron igualmente cruciales para apoyar la llegada de López Obrador a la presidencia. Quizás las mas sensibles y sensatas palabras sobre la crisis de Morena fueron las pronunciadas por el Diputado Porfirio Muñoz Ledo, cuando sus correligionaros le negaron la palabra para fijar postura frente a la política migratoria del gobierno de la Cuarta Transformación. El legislador y fundador del partido en el poder dijo que “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión, y eso me da una inmensa pena..” Lo que hoy exhibe Morena ya no es ni corazón, ni espíritu. Solo puños alzados de jefes de tribus que aprovechan el “no me meto” del presidente López Obrador para hacer de su partido el cuadrilátero de sus peores intereses.