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13 de Febrero del 2019

Moctezuma y su título

El “pecado” que le pretendieron difundir al secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, fue el de no terminar materias de su segunda licenciatura
Una nueva embestida contra un integrante del gabinete de la Cuarta Transformación se desplegó ayer en medios de comunicación y en redes sociales. El objetivo fue Esteban Moctezuma Barragán. La especie que se propaló fue que el secretario de Educación lopezobradorista no acabó la carrera de Leyes porque le faltaron algunas materias y que por eso ostentaba un título falso. Algo así como una reedición de aquel sonado caso de Fausto Alzati, el secretario de Educación zedillista que fue obligado a renunciar por ostentar un título de Harvard que no tenía y que -en honor a la dignidad- regresó a Boston para merecerlo. Pero el caso de Moctezuma, un mexicano serio, respetado y respetable, califica como fake news o como verdad torcida. Primero, porque el actual secretario de Educación sí es licenciado en Economía, graduado y titulado en la UNAM en agosto de 1977. Más aun, cursó una Maestría en Filosofía en Cambridge, de donde se graduó en junio de 1979. A eso hay que sumarle un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chiapas y un diplomado en Desarrollo Regional en Tokio. El “pecado” que le pretendieron difundir a Moctezuma fue el de no terminar materias de su segunda licenciatura, la de Derecho. Y eso que él mismo lo aclaró en su currículum. En pocas palabras, el secretario de Educación lopezobradorista sí es licenciado titulado, tiene una maestría y un doctorado. Puede usar sin remordimiento cualquier título de licenciado, maestro o doctor. Aunque en el dia con dia nunca lo hace. Si así es, ¿cuál fue entonces la insana intención de difundir las materias pendientes de una segunda carrera para hacer creer que Moctezuma mentía en sus grados académicos? El ataque fue con argumentos falsos y lo que es peor, empleando robots para diseminar el infundio a través de las redes sociales, en donde la resistencia apuesta fuerte para elevar el descrédito del nuevo gobierno. Pero esto ya se va haciendo costumbre. Se vio en el caso de Olga Sánchez Cordero, con su “penthouse” que no era penthouse y que no fue declarado, pero que al final sí fue declarado.  Y apenas ayer, también con el departamento en Houston de Javier Jiménez Espriú, el secretario de Comunicaciones y Transportes que fue punta de lanza en la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Por lo que se asoma debemos suponer que los detractores del nuevo gobierno esperan que el presidente López Obrador se rodee de hombres y mujeres no exitosos, que vengan de la pobreza, que no tengan posesiones ni propiedades, que aparezcan como apóstoles apenas cubiertos por una túnica, con una hogaza de pan bajo el brazo. Ni la secretaria de Gobernación ni el secretario de Comunicaciones y Transportes compraron sus departamentos en el gobierno que apenas tiene dos meses. El de Sánchez Cordero se adquirió en 2009 y el de Jiménez Espriú en 1992. Lo curioso es que los ataques, sean por propiedades o por supuestos títulos falsos, van siempre contra la línea moderada del nuevo gobierno. Huele a un fuego amigo que busca desacreditar a aquellos que por sus capacidades, mas que por su militancia, fueron instalados en un gabinete que los lopezobradoristas asumían que ocuparían en su totalidad. Hoy buscan la descalificación mediática para expulsar a los “advenedizos”.