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07 de Septiembre del 2020

México Rencoroso

Contra lo que se busca difamar, no creemos que la institución que preside Lorenzo Córdova rechazara a México Libre por presiones de terceros, sean del presidente Andrés Manuel López Obrador o del PAN, que temía que los Calderón le robaran clientela política.
Así como en 2005 condenamos la intentona foxista de buscar desaforar a Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno del DF, para impedirle buscar la presidencia en el 2006, así lamentamos hoy que México Libre no alcanzara -por ahora- su registro para aparecer en la boleta del 2021. La contienda política debe darse en las urnas y su único instrumento debe ser el voto ciudadano. Y aunque existen reglas para entrar, el que descalifiquen a un peleador antes de enfrentar a su rival es un duro golpe contra los espectadores. Un adversario que se alegre de ganar la pelea en la ceremonia de pesaje, sin subirse siquiera al cuadrilátero, no es digno peleador. Es indiscutible que para validar la pelea política hay que cumplir las reglas fijadas por el Instituto Nacional Electoral. Y contra lo que se busca difamar, no creemos que la institución que preside Lorenzo Córdova rechazara a México Libre por presiones de terceros, sean del presidente Andrés Manuel López Obrador o del PAN, que temía que los Calderón le robaran clientela política. La también negativa de registro a los partidos de la maestra Elba Esther Gordillo y del líder sindical Pedro Haces –de filiación lopezobradorista- solo ratifican esa imparcialidad. Lo que sí es muy lamentable es que el inquilino de Palacio Nacional saliera el sábado, desde Palenque, a celebrar la negativa de registro a México Libre. Tan mezquina actitud solo exhibió dos lados flacos, de esos que tanto presume en sus Mañaneras que él no tiene. Uno, que su fuerte sí es la venganza. En su regodeo por confirmar a los Calderón descalificados por el réferi, el presidente destiló rencor y amargura. Un estadista está por encima de eso. López Obrador se vio igual que Vicente Fox, cuando el entonces “Presidente del Cambio” hizo del desafuero a su rival una bandera personal. Eso solo demuestra que, a pesar de estar ya instalado en la silla presidencial, el ahora presidente no puede darle vuelta a la página del robo de la elección del 2006, en la que un pacto entre Fox y Salinas instaló –“haiga sido como haiga sido”- a Calderón en Los Pinos, solo para devolverle al PRI la casa presidencial con Peña Nieto en el 2012. Dos, el presidente dice que no se entromete en política partidista, ni siquiera en la guerra civil de tribus que libra su desarticulado Morena. Pero al salir a tronar cuetes para festinar el aborto temporal de México Libre, traicionó su reiterado dicho de neutralidad política y renunció a ser el presidente que se dice, el “de todos los mexicanos”. Acabó como un émulo de Donald Trump. Por supuesto que estamos convencidos de que Felipe Calderón es uno de los peores males heredados de la fallida transición política en México. Sus complejos y su agenda de rencores hicieron del gobierno calderonista un sexenio para no ser recordado. Escrito con tinta sangre, corrupto por la gracia de Dios y generador de 12 millones de pobres. Solo asómense a las páginas del libro “Felipe, el Oscuro” de Olga Wornat… Pero también estamos convencidos de que Margarita Zavala está hecha de una pasta distinta, con más principios y mejor calidad moral. Lástima de que la abanderada de México Libre no se atreviera a consumar a tiempo el “divorcio político” de su cuestionable marido, quien ya se apoderó su marca que tanto le costó forjar. La ex primera dama acabó como otros muchos en el sexenio de su marido: secuestrada. Lo que este episodio de México Libre exhibe es que la madurez y la normalidad política en nuestro país están lejos de sus líderes, quienes pregonan en la palabra lo que son incapaces de sostener en los hechos. Y que al único partido posible, con la clase política que tenemos, es el de “México Rencoroso”. Y con ese partido, jamás avanzaremos.