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29 de Julio del 2019

Mata, luego averigua

Primero mata y luego averigua. Ese parece ser el mantra que está cubriendo al gobierno de la Cuarta Transformación. Como ya se va volviendo costumbre, parece no existir nadie dentro del nuevo gobierno que tenga la sensibilidad para operar lo básico, lo indispensable. El subejercicio del gasto público y la presunción de que todo lo anterior es corrupto están paralizando a la administración de AMLO.
Primero mata y luego averigua. Ese parece ser el mantra que está cubriendo al gobierno de la Cuarta Transformación. La presunción desde que se asumió en diciembre que todo está corrupto, que todo está podrido, que hay que convertirlo todo en cenizas para que vuelva a emerger de entre ellas el bien y la bondad. Y esa estrategia esta causando mucho daño. Sucedió con las estancias infantiles, con los centros de maltrato a las mujeres, con la suspensión de la compra de medicamentos y con la postergación de la licitación de los libros de texto. La más reciente novedad fue la suspensión el pasado fin de semana de la conexión a internet de universidades públicas, sobre todo a la UNAM. De súbito, sin decir agua va, con una circular enviada por el doctor Felipe Bracho Carpizo, director de la Secretaría de Desarrollo Institucional de la SCT, se da el anunció de la suspensión del servicio. Es un contrato de prestación de servicios que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le viene proporcionando a la máxima casa de estudios a través de la Red Nacional de Impulso a la Banda Ancha, mejor conocida como Red NIBA. Bajo ese contrato se da servicio a 35 sedes y campus de la UNAM, que sin negociación de por medio están ahora improvisando enlaces digitales, para evitar quedar desconectados del mundo. ¿Alguien puede concebir que los estudiantes de una universidad cualquiera, con más razón una del tamaño de la UNAM, pueda vivir en esos tiempos aislada de la conectividad sin que el hecho impacte en la calidad de sus educación? El pretexto que la SCT esgrime es que se va a licitar un nuevo servicio para septiembre y que entonces volverán a hacer contacto con la UNAM para restablecer los servicios. Pero, ¿por qué no esperar hasta la nueva licitación, un mes más, para que los estudiantes universitarios no sufran por esa conexión tan necesaria para investigar, recuperar información para tareas o para intercambiar opiniones y trabajos con estudiantes de otras latitudes? Volvemos a la ya eterna historia del gobierno de la Cuarta Transformación. La de su falta de sensibilidad para operar lo básico, lo indispensable.  ¿Cuánto podría significar en costos el extender un mes más el servicio existente para no suspenderlo? Lo que fuera, sería mas barato que el costo de aislar a los universitarios de su conexión con el mundo. Pero como ya se va volviendo costumbre, parece no existir nadie dentro del nuevo gobierno que tenga la sensibilidad que requiere para impedir que se cometan estas atrocidades. Invocar la lucha contra la corrupción para justificar lo que a todas luces es injustificable, no es suficiente. La parálisis presupuestal y la suspensión de servicios indispensables merecen una mejor estrategia. Por eso acabamos exhibiendo subejercicios presupuestales que llevan a un freno severo en la economía, que se traduce en un decrecimiento económico que exhibe a un país frágil, a expensas de que le degraden su grado de inversión. Y luego aparecemos culpando a todos de una conspiración universal, cuando el origen del mal comienza en casa, con las políticas poco acertadas y carentes de sentido común. El bono de la buena voluntad se está agotando. Madres que no tienen donde dejar a sus hijos cuando van a trabajar, mujeres maltratadas que ya no tienen a donde ir para ser apoyadas, libros de texto que serán comprados en el mercado libre a sobreprecio porque no se licitó a tiempo y ahora universitarios desconectados de la aldea global. El presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete están obligados a una reflexión profunda porque no se puede gobernar bajo la presunción de que todos los mexicanos somos culpables hasta que demostremos nuestra inocencia.