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05 de Julio del 2019

Manos que mecen la cuna

Si AMLO está decidido a tomar los desestabilizadores de las protestas de la Policía Federal, que les rastree sus chequeras. Encontrará que que aquellos que pasaron por Bucareli y Seguridad Pública continúan haciendo negocios multimillonarios a costa del Estado.
Antes de juzgar lo que pasa hoy en la Policía Federal, obligado es recordar en qué finca el presidente Andrés Manuel López Obrador sus acusaciones de la “mano negra” que apuntan a Genaro García Luna y Miguel Angel Osorio Chong. El drama de la inseguridad en México está perfectamente ubicado en los enormes errores de estrategia y en las complicidades desatadas en los últimos sexenios. Comenzó con Vicente Fox, cuando le facturó la Agencia Federal de Investigaciones a Genaro García Luna, el jefe del CISEN de Ernesto Zedillo.   Genaro silenció temas muy delicados del candidato panista a la presidencia, a cambio de que cuando Fox y la señora Marta se instalaran en Los Pinos le regalaran la policía nacional. Pero el enorme poder de García Luna se consolidó en el sexenio de Calderón, cuando también chantajeó al entonces presidente con delicados videos y grabaciones. Gracias a ello se convirtió en el todopoderoso de la Seguridad Nacional. El único inamovible del gabinete calderonista, además de los secretarios de Defensa y Marina. Si quieren asomarse a los acuerdos inconfesables del policía calderonista, solo tienen que asomarse a la serie de El Chapo que se transmite por Netflix. Solecito les dará las respuestas. Y ya en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el poder absoluto concedido a Miguel Angel Osorio Chong convirtió a Bucareli en el epicentro fallido de la lucha contra el crimen organizado. Lo único que prosperó en ese sexenio fue el Cártel Jalisco Nueva Generación. Por eso es hipócrita y aberrante que la sombra de tres de los personajes que tienen la responsabilidad de la crisis de inseguridad en México –Calderón, García Luna y Osorio Chong-  salgan a plantar cara para politizar la intranquilidad de la Policía Federal. El origen del descontento radica en dos temas. El primero,  que los uniformados no quieren someterse a las evaluaciones para ser integrados a la nueva Guardia Nacional. Quieren el pase automático y el gobierno de la 4T no se los  va a aceptar. La Guardia Nacional nace con sus reglas claras y el que no las cumpla, no entra. Y segundo, que buscan que se les mantenga un bono que se les otorgaba cuando la Policía Federal era asignada a  operativos móviles. Bajo las nuevas reglas, los elementos ya están adscritos y por lo tanto ese bono no aplica. Así de sencillo. Más aún, por la misma movilidad en que los traían en el pasado, solían laborar 25 días a cambio de cinco de descanso. Las nuevas reglas de la Guardia Nacional descartan este esquema. Y los federales no lo aceptan. Pero más tardó en aflorar la primera protesta que en sacar la cara una de las manos que mecen la cuna del conflicto. Y con un tuitazo de respaldo a la Policía Federal, Calderón fue propuesto por los uniformados como su negociador en jefe ante el gobierno lopezobradorista. Estamos hablando del mismo Calderón que le autorizó a García Luna los más de 10 mil millones de pesos para la fallida Plataforma México, concesionada a Carlos Slim. Es el mismo magnate que acabó comprándole la cuestionada empresa de tecnología Hildebrando al cuñado de Calderón. Amor con amor se paga. Pero si el presidente Andrés Manuel López Obrador y el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, están decididos a  tomar a los desestabilizadores, que les rastreen sus chequeras. Encontrarán que sin duda aquellos que pasaron por Bucareli y por Seguridad Pública en los últimos sexenios continúan haciendo negocios multimillonarios a costa de nuestros impuestos. Y son esos cuestionables negocios lo que les dan el flujo para intranquilizar a una Policía Federal que se convierte en  la primera “caladita” para la naciente Guardia Nacional.