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13 de Febrero del 2020

Lozoya negociado

Las condiciones de la captura de Emilio Lozoya parecen sugerir que se trató de una detención pactada. El testimonio del ex director de Pemex podría llevar a la fiscalía mexicana a abrir procesos a otros secretarios de Estado de alto perfil e incluso a ex presidentes.
La captura de Emilio Lozoya Austin en la Costa del Sol española será sin duda un hito en la historia política del México moderno. Desde que en 1983 el senador Jorge Díaz Serrano fue detenido, ningún director de PEMEX ha pisado la cárcel. Los abundantes casos de corrupción en la principal empresa estatal siempre fueron sofocados por el poder político en turno. Fueran del PRI o del PAN. Los costos eran cubiertos por el Erario; las utilidades acababan en unos pocos bolsillos privados. Pero la diferencia en la persecución de quien fuera el director de PEMEX en el sexenio de José López Portillo es que aquello se trató de una vendetta política del entonces presidente Miguel de la Madrid. A Díaz Serrano, el padre del boom petrolero mexicano, nada se le pudo comprobar sobre el presunto sobreprecio en la compra de dos buques por los que Pemex pagó 35 millones de dólares. En 1989 Díaz Serrano salió libre, sin que le pudieran comprobar el delito del que se le acusaba. Pero el caso de Emilio Lozoya Austin será muy distinto. Ni siquiera sus reconocidos abogados niegan los presuntos ilícitos. Solo se concretan a decir que lo que se le imputa a su cliente no lo hizo solo. Y que sus jefes, los que autorizaban, eran Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto. Las acusaciones que pesan sobre quien en los próximos días podría ser ya extraditado a México son abundantes. Desde la recepción de sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, pasando por las compras presuntamente fraudulentas de Agronitrogenados, Fertinal y unos astilleros en quiebra en los que Pemex habría invertido unos 50 millones de euros. La danza de todos los millones de dólares que en presuntos fraudes o desvíos se le reclaman a Lozoya Austin acabará por exhibir una compleja red de complicidades en la que por primera vez podría quedar exhibido y procesado al menos un ex presidente de México. Si Lozoya Austin guardó silencio en los últimos meses fue para concretar la negociación que le permitiera a su madre, Gilda Austin de Lozoya, salir de prisión en Alemania para regresar a México, donde continúa su juicio bajo arresto domiciliario. También se necesitaba tiempo para negociar el estatus de su esposa, Marielle Helene Eckes, y de su hermana, Gilda Susane Lozoya Austin, cuyos nombres aparecen en cuentas y transacciones de los presuntos dineros de la corrupción. Por eso la lectura de la captura del director de PEMEX en el sexenio de Enrique Peña Nieto es que se trata de una negociación a cambio de que el inculpado revele los pormenores del saqueo a la paraestatal. La tesis se refuerza por el hecho de que la captura fuera en España, un país con el que México tiene un tratado de extradición. Si su captura hubiera sido en Alemania, donde se refugió muchos meses, los procesos de repatriación habrían sido muy complicados. Lo que sucederá a partir de hoy será sin duda un cisma que sacudirá las entrañas de lo que fue el viejo sistema político mexicano. Su lápida. Serán testimonios que exhibirán cómo un puñado de políticos y empresarios de gran renombre –nacionales y extranjeros- se adueñaron de la exploración, la perforación, la venta de crudo, su traslado, su refinación y la construcción de todo en esa paraestatal. La Reforma Energética solo vino a legitimar lo que desde décadas atrás era una evidente realidad: Pemex era manejada –o saqueada- como una empresa privada. Con el PRI y con el PAN. Solo habrá que esperar a que Lozoya Austin pueda cumplir el proceso judicial que enfrentará, desde España hasta México, sin correr la suerte de un Jeffrey Epstein, el multimillonario norteamericano que con sus excesos sexuales amenazaba con poner en jaque a poderosos políticos, empresarios y miembros de la realeza europea. Se “suicidó” convenientemente en su celda. Por lo pronto, México espera que, ahora sí, se difunda el video incriminatorio prometido por Lozoya Austin a través de su abogado Javier Coello Trejo. Ese video en el que presumiblemente el ex director de Pemex, hoy detenido en España, cuenta toda la historia. Será sin duda un guión de poder, intriga y terror, digno de la mejor serie de Netflix.