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25 de Julio del 2018

Los delegados de AMLO

El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, acierta en concentrar todas las delegaciones federales en un solo nombramiento por estado
Como virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador adelantó que desparecerá todas las delegaciones de las secretarías de Estado y dependencias federales que operan en los Estados. Una muy sana y aplaudible medida, considerando que esas posiciones fueron convertidas por los gobiernos del PRI y del PAN en canonjías políticas que les eran otorgadas a políticos que no alcanzaban posiciones en el primer reparto. Con el tiempo, esas delegaciones se fueron convirtiendo  en franquicias políticas. Ser delegado de Gobernación, Sedesol, la PGR, el Seguro Social o Sagarpa, por citar algunos casos, era como tener una dirección federal o una secretaría estatal. Los dineros -todavía hasta ahora- vienen y van por esos conductos con los que los gobernadores o alcaldes tienen que negociar como intermediarios políticos y presupuestales para conseguir “que les bajen el recurso”. Y muchos de esos delegados acaban por ser cortejados, en principio, y convertirse en cómplices, después, de los políticos locales que los seducen y los suben a sus negocios hechos al amparo de los dineros federales. Por eso fue bien recibida la propuesta del futuro presidente para acabar con esas que, salvo honrosas excepciones, son ínsulas del poder central. Y en su lugar será designada la figura de un representante del gobierno federal en cada Estado. Algo así como un súper delegado que vigile la aplicación de los recursos en los programas federales. Algunos dirán que podríamos salir de Guatemala para entrar en Guatepeor. Pero el desprenderse de decenas de delegados, con lo que implica de salarios, prestaciones y viáticos, al menos económicamente es congruente con las promesas de austeridad del nuevo gobierno. Lo que no luce nada bien es que entre los nombres que comienzan a salir de la casona de Chihuahua 216, cuartel de la transición, aparecen personajes de muy elevado perfil político, que distan mucho de tener las credenciales para ser los mejores administradores o inspectores de los asuntos federales. Sobre todo cuando entre esos nombres se manejan los de candidatos de Morena que abiertamente compitieron con los gobernadores en funciones, ante quienes perdieron la elección. Para muestra ahí están Delfina Gómez, en el Estado de México, quien perdió ante el priista Alfredo del Mazo, y Carlos Lomelí Bolaños, que también perdió en Jalisco frente al naranja Enrique Alfaro. Sin duda que Delfina y Carlos serán políticos muy populares, pero ¿tienen las suficientes cartas credenciales para convertirse en administradores o supervisores de los innumerables programas federales? Y si entran en funciones, ¿se tomarán de la mano por el bienestar del Estado de México o de Jalisco con los gobernadores o alcaldes de esos estados a quienes sin duda desprecian porque les ganaron en las urnas? ¿O usarán la súper delegación única  como trampolín para la próxima elección? Por eso decimos a tiempo cuidado. Porque una excelente propuesta como la de eliminar la epidemia de delegados,   puede acabar con una mala ejecución. No vayamos a crear poderosos y politizados Vicegobernadores que le disputarán los reflectores y los méritos a gobernadores legitimados por los votos, porque están buscando la revancha en la próxima elección. Bien haría el presidente electo López Obrador en recapacitar no sobre la idea, que es excelente, sino en despolitizar esas nuevas posiciones que exigen administradores profesionales que de verdad eficienten el uso de los recursos federales. Insistir en confrontar a los que ganaron con los que perdieron en las urnas, otorgándoles por decreto un poder mayor a los perdedores, es un juego perverso que sin duda acabará mal.