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10 de Abril del 2020

López-Gatell... crucificado

Su fuerza moral se eclipsó y su fuerza del contagio exhibe a López-Gatell como lo que es. Un científico diletante que quiso venderle a los mexicanos que su genética y un escapulario nos librarían del Viacrucis.
La mentira está al descubierto. Ya no se puede ocultar. Y al epidemiólogo Hugo López-Gatell ya no le quedó más alternativa que aceptar la gravedad de la pandemia en México. Se le fue colapsando su estadística. Nadie en México ni el mundo cree las “cifras oficiales” del país. 3,181 casos de contagio es inverosímil en un país que colinda con Estados Unidos y que registra 492 mil contagios. Es decir, 130 veces más. Un Río Bravo de por medio. Por eso el personaje, tan vanagloriado como el gran científico mexicano, se sacó de la manga su “Modelo Centinela”. Para corregir la pifia, hay que multiplicar todo lo dicho hasta hoy por ocho veces lo que se da a conocer. Y aceptar que en México deben existir por lo menos 26 mil contagiados. Ya no se puede tapar el sol con la conferencia de las 7. Pero para hacerlo, López-Gatell preparó bien la escenografía. Le aceptó, o se promovió, una entrevista con el corresponsal en México de la prestigiada revista The Economist. Y en esa charla con el periodista Richard Ensor se lavó las manos, como Pilatos al entregar a Jesucristo. Y solo por lo que admitió on the record al corresponsal de la revista inglesa, el epidemiólogo merecería ser despedido como el comandante en jefe de la guerra contra el Coronavirus en México. Es escandaloso que López-Gatell haya reconocido que en febrero, ya con el Coronavirus instalado en todo el mundo y entrando de lleno en México, le vendimos a China lotes de cubre bocas que hoy nos hacen tanta falta y que tuvimos que recomprarles a los chinos con sobreprecio. El epidemiólogo admite que fue un error, que no debieron vender esos cubre bocas. Esa es una abierta confesión de que su modelo de combate a la pandemia pecó de optimista. Era demasiado confiado. En su estrategia original, López-Gatell estaba convencido de que México sería el país que mejor sortearía la crisis. Y por eso se empeñó en minimizar todo. Embarcó al presidente Andrés Manuel López Obrador para que dijera que nadie se alarmara, para que continuara sus giras abrazando y besando a niños y ancianitas, para que rechazara decretar la emergencia nacional y la cuarentena. Es el mismo López-Gatell que defendió en dos Mañaneras que no se suspendiera la Feria de San Marcos y le dio luz verde al gobierno de la Ciudad de México que no cancelara el Vive Latino, que comienza ya a rendir sus frutos de muertos y contagiados. Es el mismo López-Gatell que durante dos meses desacreditó el uso de los cubre bocas diciendo que no eran útiles. Por eso vendió los que tenía a China. Hoy, en todo el mundo la exigencia es el uso de cubre bocas. Y México, por el error del epidemiólogo, los tiene que recomprar ahora 30 veces más caros. Es el mismo López-Gatell que también desdeñó la aplicación de pruebas para detectar a tiempo el contagio, bloqueando incluso la importación de esas pruebas, poniéndole trabas a gobiernos estatales como los de Jalisco y Nuevo León. El mismo patrón burocrático que nos recetó con el escándalo, con las vacunas y con los medicamentos contra el cáncer y el HIV. El sarampión ya está de nuevo en México. Es el mismo López-Gatell quien defendía que México fuera el último lugar en aplicación de pruebas para detectar casos. Y a contracorriente del mundo, nos ganamos el deshonroso sitio de ser la nación que menos pruebas aplica. En Estados Unidos, 5,900 por cada millón de habitantes. En Chile, 2,900 pruebas por cada millón de personas. En Irán, 2,500. En Perú, 619. En México, por la estrategia López-Gatell, solo 159 pruebas por cada millón de habitantes. Pero la mentira dura mientras la verdad llega. Y desde los hospitales públicos, los del Seguro Social, con el contagio de 164 médicos y enfermeras, con 6 muertes, las cifras “oficiales” ya no se pueden sostener. Se caen solas. ¿Tanto personal de salud contagiado por tan pocos casos en la población? Por eso la entrevista con el periodista de The Economist. Para lavar culpas antes de que le venga el extrañamiento desde el extranjero. Por eso el anuncio de que mandamos un avión para traer de China los cubre bocas que hace mes y medio le vendimos porque nunca los íbamos a utilizar. Por eso, ahora sí, el anuncio de que se compraron 500 mil pruebas, para tener –como en todo el mundo- mayor certeza de cómo avanza la pandemia. Su fuerza moral se eclipsó y su fuerza del contagio exhibe a López-Gatell como lo que es. Un científico diletante que quiso venderle a los mexicanos que su genética y un escapulario nos librarían del Viacrucis. Cuidado porque podríamos acabar crucificados.