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27 de Junio del 2019

Líderes: ¿dónde están?

Hoy en día, el poder no está siendo conquistado por los mejores, sino por aquellos que prometen más a los desposeídos. Lo amenazante es que ese populismo social, lo mismo desde la derecha o desde la izquierda, está radicalizando a los ciudadanos y a los hombres del capital. Y no existe rectificación de por medio
Es indiscutible: el mundo vive una severa crisis de liderazgo político. Vivimos un cisma en todos los niveles y en todas las latitudes. Ya no hay norte ni sur, oriente ni occidente. Los ejemplos de los hombres de poder dignos de ser admirados son escasos. Los que crecimos entre las décadas de los 60 y los 80 veíamos con admiración aquellas figuras que con su carisma ejercían el poder a favor de los suyos, que eran vitoreados e imitados por los millones que los amaban. Dwight Eisenhower, Ronald Reagan, George Bush padre o Barack Obama en Estados Unidos; Winston Churchill o Margaret Thatcher en Inglaterra; Leonid Brezhnev, Nikita Khrushchev o Mikhail Gorbachev en Rusia. Konrad Adenauer, Willy Brandt o Angela Merkel en Alemania; Georges Pompidou, Francois Mitterrand o Jacques Chirac en Francia; Giulio Andreotti o Aldo Moro en Italia; Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar en España. Ni qué decir de David Ben Gurión, Menáhem Beguin, Golda Meir o Shimon Peres en Israel, lo mismo que Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat o Hosni Mubarak en Egipto. Y en América Latina ahí están Itamar Franco, Fenando Henrique Cardoso o Inacio Lula da Silva en Brasil, como también Eduardo Frei, Salvador Allende o Ricardo Lagos en Chile, o Álvaro Uribe en Colombia. ¿A quién elegimos en México? ¿A Luis Echeverría y a Carlos Salinas por sus revoluciones sociales y económicas, además de su proyección internacional? Sin duda que por apoyo popular a Andrés Manuel López Obrador, pero su incipiente gobierno todavía tiene que mostrar los resultados prometidos. Lo que intentamos advertir es que escasea en el planeta la ejemplaridad política. ¿Alguien tiene respeto por Donald Trump, el presidente más beligerante, inculto, ególatra e incompetente que ha generado la decadente democracia norteamericana? Pero en otras latitudes no es diferente. Theresa May en el Reino Unido dimite tras tropezar con el Brexit y en Israel, Benjamin Nethanyahu es indefendible cuando nada entre acusaciones de corrupción, siempre bajo la sombra incondicional de Donald Trump. El prometedor liderazgo de Emannuel Macron es secuestrado ya por los chalecos amarillos y Pedro Sánchez en España pide partido prestado para ser la opción menos peor, mientras que en Italia Giuseppe Conte se alza desde el radicalismo de derecha para contener la ola migratoria. Si hoy se hiciera una encuesta global, desapasionada, sin duda Angela Merkel y Vladimir Putin serían los dos dirigentes con mejor proyección. De Merkel se admira su carácter y su entereza para gobernar a una nación como Alemania, custodia de los intereses de la Unión Europea y de la OTAN. Y al ruso Vladimir Putin se le reconoce que tiene claro lo que busca y lo que quiere; que sale a ocupar espacios frente al debilitamiento de Trump, el eclipse de la estrella de Theresa May o la amenaza creciente de Xi Jinping. Algunos analistas advierten que esta escasez de liderazgo en el planeta no es sino la cosecha del capitalismo fundamentalista, que al abrir todavía más la brecha entre ricos y pobres aceleró el boom del populismo social. El poder hoy no lo están conquistando los mejores, sino aquellos que prometen más a los desposeídos, que cada vez incrementan en número, gracias a esa minoría del uno por ciento que acumula insaciablemente a costa de la miseria de miles de millones. Lo amenazante es que ese populismo social, lo mismo desde la derecha extrema en Estados Unidos, Israel o Brasil, o desde la izquierda en México o España, está radicalizando a los ciudadanos y a los hombres del capital. Y si no existe rectificación de por medio, las consecuencias –las nacionales y las globales- serán desastrosas para el futuro estable que todos ansiamos, pero que cada día se ve más lejano.