FACEBOOK

VISTAS
06 de Marzo del 2020

Lecciones muy Primarias

Las elecciones internas del Partido Demócrata en Estados Unidos nos dejaron dos claras lecciones: que los ricos también pierden y que los millennials están desaparecidos.
“El dinero no es la vida, es tan solo vanidad…” “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo…” Estas son dos joyas del refranero popular mexicano que mejor explican lo que sucedió en las elecciones primarias del Partido Demócrata en los Estados Unidos. Porque a contrapelo de lo que podría esperarse, ni el dinero ni la juventud sacudieron las conciencias de un electorado desesperado en la potencial reelección del republicano Donald Trump. I.- Los ricos también pierden Michael Bloomberg es un norteamericano exitoso; muy exitoso. No solo posee con enorme mérito personal una de las más grandes fortunas que vende información financiera, sino que se dio el lujo de transitar de los negocios a la política para ser alcalde de Nueva York. Con esos antecedentes, y desencantado de los precandidatos demócratas, Bloomberg decidió entrar a la carrera demócrata, esperanzado en que su enorme capital económico y político le darían la victoria. Pero llegaba tarde. Sacó la chequera y se gastó 500 millones de dólares en un intento por recuperar el tiempo perdido, inundando los medios tradicionales y las redes sociales con textos de sus ideas e imágenes de su rostro. Fue en vano. De los 14 estados en disputa en el Súper Martes, solo en Samoa Americana ganó Bloomberg. Y de los 930 delegados asignados hasta ayer, apenas logró 20. Son los delegados más caros en la historia de una primarias en Estados Unidos. Veinticinco millones de inversión por delegado. Una costosa lección sobre la relación dinero y política, en la tierra del sueño americano. No todo –y menos la voluntad popular- son comprables con efectivo. Hace falta un poco de ideas y un mucho de carisma. Ojalá que esa lección la aprendan los empresarios mexicanos que desde su inconformidad con el gobierno de la Cuarta Transformación se dicen listos para sacar sus chequeras y comprar el cariño del pueblo. Si lo hacen es que no aprendieron la lección de julio del 2018. Meade y Anaya, con todo el dinero, poco pudieron hacer. Ganó Andrés Manuel, el más pobre de los candidatos, con el más nuevo de los partidos. II.- ¿Dónde están los millennials? En las primarias demócratas se jugaban las arrugas y la experiencia de Joe Biden, Bernie Sanders y Elizabeth Warren contra la juventud, las ideas frescas y el hipsterismo de Pete Buttigieg y Amy Klobuchar. Se impusieron las canas. Salvo que se dé un milagro, el próximo candidato Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos tendrá 77 o 78 años el día de la toma de posesión; habrá nacido en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando todavía no existía la televisión. Y sin duda los dos que califican todavía están aprendiendo a bajar las aplicaciones para su celular y como buenos nativos análogos naufragan en las redes sociales. Bernie Sanders es el Andrés Manuel López Obrador de estas primarias. El hombre más a la izquierda del sistema, que es capaz de ganar en California; que si fuera un país en sí mismo sería la quinta economía mundial. Una California en donde coexisten la riqueza de Silicon Valley y el oropel de Hollywood con el récord de familias viviendo en tiendas de campaña, en parques y avenidas, porque no tienen hogar. Las lecciones de la democracia parecen ser las mismas para los Estados Unidos que para México. Los electores están cansados de los abusos de quienes más tienen a costa de los que menos tienen. Bloomberg, aún con toda su buena voluntad, es el ejemplo. Y los electores están votando por una línea más liberal de izquerda, que al menos les ofrezca una esperanza así sea lejana, para cerrar la brecha, acabar con la injusticia y con la desigualdad. En Estados Unidos se puede llamar Bernie Sanders y en México responde al nombre de Andrés Manuel López Obrador. El clamor al final es el mismo. Ojalá que aprendamos ese lección tan primaria.