FACEBOOK

VISTAS
28 de Enero del 2019

Lecciones en presidencia ajena

Lo que el presidente de los Estados Unidos dejó sobre la mesa después de el cierre de gobierno es un puñado de lecciones sobre el uso y el desuso del poder
El mayor patrimonio que un jefe de Estado debe cuidar es el de su credibilidad, para que su pueblo pueda confiarle el timón que lo lleve a buen destino. Los presidentes, primeros ministros o jefes de gobierno suelen asumir su cargo con muy elevados niveles de apoyo popular, que son directamente proporcionales a las expectativas que sus promesas despiertan. Pero conforme se va consumiendo el tiempo y los resultados no acaban por ser los esperados, la popularidad se erosiona y la credibilidad se va perdiendo. Ahí tienen a Donald Trump, quien en solo dos años se devoró el enorme capital político de su triunfo sobre la dinastía Clinton. Pero sus días de gloria se esfumaron y fueron reemplazados por días de trueno. El último ejemplo de su mantra del “Yo lo hago solo, mejor que nadie” se topó con pared. O mejor dicho con muro. De ego más que sobrado, petulante, altanero, infumable, el presidente de los Estados Unidos hizo de una promesa de campaña su capricho personal. Levantaría un muro en la frontera con México para frenar la migración y el tráfico de drogas. Y ese costoso monolito sería pagado por México, un país que para Trump es el origen de grandes males norteamericanos. Pero su capricho fue frenado por un Congreso que le regateó los 5 mil millones de dólares que solicitaba en primera instancia. Y frente a esa negativa, el presidente decidió cerrar las oficinas de gobierno. Treinta y cinco días vivieron los norteamericanos “sin gobierno”. Mas de un mes, con la Navidad y el Año Nuevo de por medio, en el que millones de burócratas se fueron a sus casas sin cobrar un dólar. Y al final del día, la terquedad de Trump fue inútil. Con un poder legislativo dominado por sus rivales demócratas fue imposible alcanzar algún acuerdo. Lo que el presidente de los Estados Unidos dejó sobre la mesa es un puñado de lecciones sobre el uso y el desuso del poder. Lección Uno.- No compres peleas que anticipas que no vas a ganar. Mide con humildad tus fuerzas, porque una derrota crucial puede ser el punto de inflexión de tu gobierno. Pregúntenle a Theresa May, la primer ministra del Reino Unido cuyo gobierno está en peligro al plantear mal la salida del Brexit. O a Emanuel Macron, el premier francés, quien  subestimó las protestas de los chalecos amarillos. Lección Dos.- Elige tus peleas una a una. No peques de soberbia y abras múltiples frentes de conflicto que te van a consumir toda la energía que demandas para gobernar. Una pelea a la vez. Asómate en el espejo de Trump, confrontado con China, la Unión Europea, México, Canadá, Corea del Norte, la OTAN, el Cambio Climático, la Fed y su docena de renunciados colaboradores cercanos que le perdieron la fe. Hoy sus  aliados son pocos y sus detractores son muchos. Lección Tres.- Al momento de asumir el poder verifica que en tu tablero de cambios exista la reversa. Te va a ser de mucha utilidad para rectificar el rumbo y reagrupar tus objetivos. Las decisiones no son blanco o negro. Existen los grises. Y el mayor desgaste está en aferrarse a lo que todos rechazan. Que se vean en el espejo de Trump con el muro, al que le apostó todo o nada. La primera batalla que perdió fue con México, que una y otra vez le reiteró que jamás lo pagaría. La segunda -y definitiva-  con el Congreso norteamericano, que le negó los fondos. Su derrota fue estrepitosa y su futuro político se mece entre ser lanzado de la Casa Blanca y perder la reelección. ¿Alguien podría compartir este manual al presidente Andrés Manuel López Obrador? Sus mas sanas intenciones y sus más limpios ideales peligran, si se aprenden estas tres lecciones en presidencia ajena.