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28 de Noviembre del 2019

LeBaron, lo inaudito

Es verdaderamente inaudito el silencio oficial que existe en torno a las investigaciones de la masacre de nueve miembros de la familia LeBaron.
Es inaudito el silencio oficial que existe en torno a las investigaciones de la masacre de nueve miembros de la familia Le Barón. Es inaudito que nadie se cuestione que los padres de las mujeres y los niños victimados los hayan enviado solos, sin chofer o guardia, a transitar por peligrosos caminos de terracería en Sonora. Eso podría calificar como negligencia criminal. Es inaudito aún que Adrian Le Baron, padre y abuelo de algunas de las víctimas, confiese con sorna en un video que ellos levantaron los cuerpos y limpiaron la escena del crimen. Y más inaudito aún que las autoridades federales y estatales no tipifiquen lo que es una evidente alteración de la escena del crimen, una clara obstrucción de la justicia. Silencio. Es inaudito que no se investigue a fondo la vinculación de algunas de las víctimas de la masacre –mujeres y niños- con la cuestionada secta de culto sexual creada por Keith Raniere, quien el 17 de enero próximo enfrenta en Nueva York su sentencia final. Es inaudito que aprovechando su doble nacionalidad, con pasaporte norteamericano y las conexiones de su familia con el Partido Republicano, Bryan LeBaron demande a la Casa Blanca inicie una nueva guerra contra México al tipificar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas. Y más inaudito aún que sin todavía recolectar las 99 mil 999 firmas que una demanda así exige cuando se inscribe en el portal de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump actué de inmediato para iniciar una nueva ofensiva contra México. Es inaudito que aún en medio de tantas dudas y tan evidentes afanes de aprovechar su ciudadanía norteamericana y sus vínculos con políticos republicanos, exista la promesa de que el presidente Andrés Manuel López Obrador recibirá en audiencia privada a algunos integrantes de la familia LeBaron. Es inaudito que ese mismo trato presidencial no lo reciban las miles de inocentes familias mexicanas que también han perdido a sus hijos y sus nietos en el fuego cruzado de tantas refriegas con los cárteles, solo porque ellos no tienen el pasaporte norteamericano que les permita cruzar el umbral de Palacio Nacional. Es igualmente inaudito que se tipifique a los cárteles mexicanos como terroristas, con todas sus consecuencias políticas y económicas para nuestro país, pero que no exista castigo igual para el país que criminalmente alienta por su frontera el tráfico ilegal de las armas con las que esos “terroristas” hace su guerra de guerrillas. Es inaudito que México sea el único país juzgado y exhibido, amenazado con sanciones, mientras que los Estados Unidos, que arma no solo a esos cárteles sino que poco hace para detener la demanda de droga entre sus ciudadanos –origen del mercado negro de las drogas- sea el único país juzgador. Es, en fin, inaudito que el gobierno de la Cuarta Transformación se engañe con sostener la mano extendida al gobierno de “su amigo” Donald Trump, cuando ese amigo de la Casa Blanca solo sabe responderle con cachetadas. Es inaudito que después la desventajosa renegociación del Tratado de Libre Comercio -todavía sin aprobación- y de endosarnos de lleno el conflicto de los migrantes centroamericanos, no entendamos que para el gobierno del presidente Trump solo somos una alfombra que hay que pisar en el camino a su cada vez más complicada reelección.