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15 de Abril del 2020

Las cosas sin su nombre

No se entiende por qué ocultar el nombre del gobernador que dijo que en su estado los médicos ‘se están cayendo como moscas’ debido al covid-19.
Es curioso que de pronto La Mañanera se contagió del virus del Alzheimer. Nadie quiere dar nombres, nadie quiere recordar quién dijo lo que dijo. “Ahí se los encargo de tarea”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando los reporteros le reclamaban que diera nombres. Quizá lo que ni el mandatario ni su epidemiólogo querían hacer era mencionar los nombres de la cantante Thalía ni del actor y comediante Eugenio Derbez, quienes por diferentes motivos cuestionaron el quehacer del gobierno en el combate a la pandemia. Cuando el mandatario todavía invitaba a los mexicanos a salir a las fondas y darse abrazos, Thalía hizo viral un video en el que decía que censuraba la actitud presidencial. “No, por favor, señores. No debemos salir”. Y Eugenio Derbez se “atrevió” a lanzar un video en el que leía una carta de un médico amigo que le pedía lanzar un llamado urgente para atender la crisis en la Clínica 20 del Seguro Social de Tijuana. Una vocera oficial salió a desmentirlo. Pero el actor contactó a los médicos, confirmó y lanzó otro video para desmentir el desmentido. Se entiende que el presidente López Obrador no quiera chocar con figuras públicas populares, como Thalía o como Derbez. O con el deportista que tampoco identificó, pero que se intuye que es el Chicharito Hernández. Con el pueblo ellos también son muy populares. Sería un duelo de fans. Pero lo que no se entiende es por qué ocultar el nombre del gobernador que dijo que en su estado los médicos “se están cayendo como moscas” porque estaban desbordados con los casos de Coronavirus. No, no se trataba de un gobernador de Oposición, ni uno patrocinado por los conservadores o los enemigos de la Cuarta Transformación. El nombre que nadie se atrevió a mencionar en La Mañanera es el de Jaime Bonilla, quien se instaló en la gubernatura de Baja California bajo la sombra de Morena y que es amigo personal, muy cercano, del presidente López Obrador. Si ese “se están cayendo como moscas” lo hubiera pronunciado otro gobernador de la Oposición, sin duda que el nombre sería recordado y exhibido. ¿Pero como era un gobernador de Morena, no? Y todo lo que el gobernador Bonilla hizo fue decir lo que a él le consta, confirmando lo que Eugenio Derbez, con enorme valor civil, denunció en sus dos videos. Que en algunos estados el sistema nacional de salud ya está rebasado y todavía no cruzamos el tramo más oscuro de la pandemia. Los médicos y las enfermeras se están colocando al frente de las estadísticas del contagio. El Seguro Social ya admitió que tiene más de 400 trabajadores de la salud contagiados y en el resto del sistema hospitalario nacional -ISSSTE, Sedena, Marina y las decenas de privados- deben registrar, juntos, otro tanto. Si se calculan entre 700 y 800 los contagios entre médicos y enfermeras y los enfermos en el total de la población alcanzaban ayer los 5 mil, estaríamos hablando de que el 15 por ciento de los contagiados serían personal del sector salud. Eso significa que 15 de cada 100 mexicanos contagiados están o estuvieron atendiendo en hospitales a donde los enfermos acudieron precisamente para ser aliviados. Usando las palabras del epidemiólogo Hugo López-Gatell, lo que podríamos estar enfrentando es que lo que debería ser una “fuerza curativa” está convertida ya en una “fuerza de contagio”. Lo que esas cifras exhiben, más allá de lo que digan Derbez o Bonilla o de lo que callen el presidente o López Gatell, es una de dos posibilidades. O los número de los contagiados totales son mucho más, si asumimos que el de doctores y enfermeras es real, ya está desbordado y esos no se pueden ocultar. O algunas partes del sistema nacional de salud están colapsadas y lo que viene en los próximas dos semanas, que serán las más críticas, va a dejar al descubierto el enorme drama. Cualquiera que sea la respuesta, no es buena. Por lo pronto vamos diciendo las cosas por su nombre y no las escondamos tras la cortina de un lenguaje político o científico que solo sirve para no decir lo que se teme decir.